Adriana Medina: “La raza es una invención política”
La revisión de los relatos históricos tradicionales está ganando cada vez más espacio en el ámbito académico de Santiago del Estero, en un proceso que especialistas describen como una verdadera “primavera de la historia local”.

En ese contexto, la magíster Adriana Medina, coordinadora de la Licenciatura en Historia de la UNSE, sostiene que categorías como la “raza” no responden a fundamentos biológicos, sino a construcciones políticas utilizadas históricamente como instrumentos de poder.
Desde su perspectiva, el concepto de raza surge en el marco de la expansión colonial iniciada con la llegada de los europeos a América, cuando comenzó a utilizarse como una herramienta para jerarquizar poblaciones y justificar desigualdades sociales, económicas y laborales. Esa clasificación, explica, no se basa en diferencias biológicas reales, sino en rasgos fenotípicos que fueron interpretados y jerarquizados según intereses de dominación.
Medina señala que estas ideas se consolidaron con fuerza a fines del siglo XIX, cuando las élites políticas e intelectuales promovieron la noción de una Argentina “blanca” y descendiente de la inmigración europea. En ese marco se instalaron conceptos como el “crisol de razas”, que, según su análisis, contribuyeron a invisibilizar a los pueblos originarios, a las poblaciones afrodescendientes y a las mujeres dentro del relato nacional dominante.
Este proceso, agrega, tuvo efectos concretos en la organización social: desde la distribución del espacio urbano en la época colonial —con centros habitados por sectores blancos y periferias ocupadas por pueblos originarios y afrodescendientes— hasta la segmentación de roles laborales asociados a jerarquías raciales construidas.
En términos conceptuales, la historiadora diferencia entre colonización y colonialidad, y advierte que, aunque los países de la región hayan alcanzado su independencia política, persisten estructuras simbólicas y sociales heredadas de aquel sistema.
En el plano académico, Medina destaca que la historiografía contemporánea atraviesa una transformación profunda. La historia centrada exclusivamente en “grandes héroes” ha dado paso a nuevas perspectivas que incorporan sujetos antes invisibilizados, como mujeres, niños, trabajadores y comunidades afrodescendientes e indígenas, considerados hoy como actores centrales del proceso histórico.
Este cambio también se refleja en la producción académica actual de la universidad, donde —según afirma— proliferan investigaciones y tesis que abordan estos nuevos enfoques a partir de fuentes y problemáticas antes poco exploradas. En ese sentido, sostiene que la disciplina vive en la región una etapa de renovación y apertura hacia el público general, dejando atrás su carácter estrictamente cerrado o académico.
Para la investigadora, este proceso de revisión histórica se articula con debates contemporáneos más amplios, como los vinculados a los movimientos feministas y a la deconstrucción de narrativas tradicionales. En conjunto, estos cambios estarían contribuyendo a una resignificación de la identidad histórica regional, más diversa y compleja, donde las voces antes silenciadas comienzan a ocupar un lugar central en la construcción del pasado.
“La raza es una construcción política”: una mirada crítica que impulsa una nueva “primavera” en la historia de Santiago del Estero
