Los precios mayoristas aumentaron un 3,1% en agosto y confirman la persistencia inflacionaria
El optimismo oficial choca con la realidad de los precios que no ceden. Mientras el Gobierno intenta instalar una narrativa de control, los datos duros confirman que la inflación se mantiene como un problema estructural y sin solución a la vista, lo que deteriora la confianza social y plantea serios interrogantes sobre la eficacia de la política económica.

Pese al discurso oficial que insiste en mostrar una desaceleración de la inflación, los precios mayoristas volvieron a registrar un fuerte incremento en agosto, lo que refleja que la presión inflacionaria sigue intacta y golpea de lleno al poder adquisitivo de los salarios.
Según el INDEC, el Índice de precios internos al por mayor (IPIM) trepó 3,1% en el mes, impulsado por un alza equivalente en los productos nacionales y del 2,9% en los importados.
Con este dato, los precios mayoristas acumulan en lo que va del año un incremento del 15,7%, mientras que en la comparación interanual la suba asciende al 22,1%. Estas cifras exponen la brecha entre la narrativa oficial y la realidad de la economía: mientras el Gobierno busca transmitir una imagen de estabilidad, los datos muestran que la dinámica inflacionaria sigue erosionando el poder de compra y complicando la planificación de empresas y consumidores.
En el desglose, dentro de los productos nacionales las mayores incidencias provinieron de los agropecuarios (0,61%), los refinados de petróleo (0,55%), los vehículos y autopartes (0,36%), el crudo y el gas (0,29%) y los productos químicos (0,23%). Estos sectores, además de marcar el pulso de la economía real, trasladan rápidamente los aumentos hacia la cadena minorista, anticipando nuevas tensiones en la inflación al consumidor.
El Índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB) también registró un aumento de 3,3%, con una suba de 3,4% en productos nacionales y de 2,8% en importados. A su vez, el Índice de precios básicos del productor (IPP) se incrementó 3,5%, con un salto de 5,9% en productos primarios y de 2,6% en manufacturados y energía eléctrica.
La persistencia de estas variaciones muestra que la inflación no es un fenómeno aislado al consumo, sino estructural, atravesando toda la economía. El encarecimiento de los insumos y bienes intermedios anticipa mayores dificultades para la producción y refuerza la inercia inflacionaria que, lejos de moderarse, se afianza como una de las principales amenazas a la recuperación.
