Los narcos, ladrones y “planeros” del conurbano según Rattazzi, expresidente de Fiat
En un contexto de discusión sobre reformas profundas, su intervención vuelve a poner en debate no solo el rumbo económico, sino también el rol de los discursos empresariales en la construcción de sentido sobre los sectores más vulnerables.

El empresario Cristiano Rattazzi, expresidente de Fiat, volvió a respaldar públicamente al Gobierno durante la Conferencia Industrial de la UIA, donde celebró el rumbo económico del oficialismo y aseguró que existen “inversiones listas para entrar” en sectores como la minería, el agro y la energía.
Sin embargo, sus declaraciones generaron fuerte controversia al combinar su apoyo político con afirmaciones estigmatizantes sobre los habitantes del conurbano bonaerense.
Tras manifestar optimismo por el triunfo electoral de La Libertad Avanza y sugerir que Javier Milei podría lograr la reelección, Rattazzi insistió en la necesidad de impulsar una reforma laboral “obvia y urgente”, orientada a facilitar la rotación de trabajadores.
Su propuesta, basada en flexibilizar los mecanismos de contratación y despido, se alinea con las demandas históricas de los grandes sectores empresarios, aunque despierta críticas por su impacto potencial en los derechos laborales y en la estabilidad del empleo formal.
La mayor polémica surgió cuando el empresario vinculó la discusión laboral con una caracterización despectiva del conurbano. Según Rattazzi, a quienes viven en esa región “toda la vida les enseñaron que su vida era narcotráfico o robar o un plan”, afirmación que reduce a millones de personas a estereotipos criminalizantes y desconoce por completo las desigualdades estructurales, la informalidad forzada y la falta de oportunidades que atraviesan amplios sectores del país.
Su planteo sugiere, además, que la solución a esos problemas depende únicamente de flexibilizar el mercado laboral, una lectura simplificada de realidades mucho más complejas.
Las palabras del empresario no solo generaron rechazo por el contenido discriminatorio, sino también porque se enmarcan en un discurso que responsabiliza a los sectores populares por su situación económica mientras se impulsa una agenda que podría precarizar aún más sus condiciones de vida.
La estigmatización del conurbano —territorio diverso, productivo y atravesado por múltiples desigualdades— se vuelve así un recurso retórico que, lejos de aportar al debate público, profundiza divisiones y reproduce prejuicios.
Las declaraciones de Rattazzi muestran la tensión entre un optimismo económico fuertemente alineado con el Gobierno y una mirada sobre la realidad social que omite la complejidad de los problemas laborales y de pobreza en Argentina.
