Los mensajes entre Alberto Fernández y Fabiola Yañez: «Me incineraste ante un país estando embarazada de tu hijo»
La causa judicial por violencia de género que involucra al ex presidente Alberto Fernández y a la ex primera dama Fabiola Yañez sumó esta semana un nuevo y delicado capítulo. La fiscalía federal, a cargo de Ramiro González, entregó a las partes las copias forenses de los mensajes extraídos de los dispositivos electrónicos del ex mandatario, entre los que se destacan fuertes acusaciones de Yañez, quien afirmó: «Me incineraste ante un país estando embarazada de tu hijo.»

El material, que incluye intercambios con la madre de Yañez, Miriam Verdugo, se convierte ahora en prueba formal dentro de un expediente que ya tiene al ex jefe de Estado procesado por «lesiones en un contexto de violencia de género», en una relación definida judicialmente como «asimétrica de poder».
Los mensajes, de contenido emocional y acusatorio, podrían verse como una disputa íntima. Sin embargo, el tratamiento judicial de este caso indica que lo que está en juego excede lo personal: se trata de un posible ejercicio de violencia simbólica, emocional y estructural por parte de quien ocupó la más alta magistratura del país.
La relación entre Fernández y Yañez no solo estuvo mediáticamente expuesta durante la pandemia y los escándalos de Olivos, sino que ahora se somete a un análisis penal, bajo la lupa del sistema judicial y de la opinión pública. La frase «Estar en política supone estos dolores que vos no estabas preparada para soportar», atribuida al ex presidente, refleja un enfoque que relativiza la experiencia de Yañez y refuerza la hipótesis de una dinámica verticalista, en la que el poder político se proyecta también sobre lo doméstico.
Repercusiones institucionales
Este episodio se produce mientras Fernández también enfrenta otra investigación penal por supuestas irregularidades en la adjudicación de pólizas de seguros estatales, lo que pone bajo presión no solo su imagen personal, sino también el legado institucional de su presidencia. La confluencia de causas judiciales empieza a configurar un escenario de deterioro progresivo para su figura política.
A su vez, esta causa abre un interrogante sobre el papel del poder en relaciones personales atravesadas por la exposición pública. La denuncia de Yañez no se refiere solamente a maltratos personales, sino a humillaciones ejecutadas en un contexto de visibilidad nacional, lo que agrava el impacto simbólico y social del conflicto.
Hasta ahora, el peronismo en sus distintas vertientes ha optado por el silencio ante estas revelaciones. La falta de una condena clara por parte del arco político que sostuvo a Fernández durante su gobierno contrasta con las posturas firmes que muchos sectores han manifestado en otros casos similares.
Esta actitud alimenta una crítica frecuente: la utilización selectiva del discurso de género, que se activa o desactiva según la conveniencia política del momento. En una sociedad sensibilizada por los debates sobre violencia de género, la inacción o la minimización de este caso puede ser leída como un gesto de complicidad o al menos de hipocresía.
¿Cómo sigue el proceso?
Las partes ahora deberán analizar si el nuevo material amerita la incorporación de nuevos testigos o si la causa está en condiciones de ser elevada a juicio oral. Desde la querella, el abogado Mauricio D’Alessandro anticipó que el contenido de los mensajes refuerza la acusación, mientras que la defensa de Fernández aún no hizo declaraciones públicas sustanciales.
Sea cual sea el rumbo judicial, el caso ya ha impactado en la esfera pública y plantea preguntas más amplias: ¿Cómo se gestiona el poder en las relaciones afectivas cuando una de las partes representa al Estado? ¿Puede la política seguir esquivando el debate sobre las violencias dentro de sus propias filas?
El caso Fernández-Yañez no solo confronta al expresidente con la Justicia, sino también a la sociedad con una realidad incómoda: la violencia de género no es ajena a las élites del poder. En un país donde las instituciones aún luchan por establecer estándares firmes de responsabilidad, lo que hoy se ventila en los tribunales puede marcar un antes y un después en la manera en que se juzga —política y judicialmente— a quienes ostentan cargos públicos, incluso en el ámbito privado.
