3 de mayo de 2026

Los hogares estadounidenses son los principales responsables de pagar los aranceles impuestos por Trump

El estudio revela que en 2025, aproximadamente el 90% de los costos asociados a los aranceles fueron asumidos por los residentes estadounidenses, mientras que solo un 5% fue soportado por los exportadores extranjeros.

Un reciente informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York confirma que la carga de los aranceles impuestos por la administración Trump recae casi en su totalidad sobre los consumidores y empresas de Estados Unidos, no en los países extranjeros.

El informe de la Reserva Federal indica que la mayoría de las empresas trasladaron estos costos a los consumidores, quienes pagaron en promedio unos US$ 1.000 adicionales por hogar ese año.

La Oficina Nacional de Investigación Económica y la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) estiman que las empresas minoraron sus márgenes comerciales, pero en gran medida, el peso recayó sobre los consumidores, que enfrentaron un aumento en los impuestos de importación.

Estos datos llegan en un momento en que la política arancelaria de Trump genera rechazo incluso dentro de su propio partido. En la Cámara de Representantes, una histórica votación con la participación de seis republicanos y todos los demócratas buscó revertir los aranceles a Canadá, aunque la medida no prosperó debido al veto presidencial.

La Casa Blanca respondió advirtiendo de posibles “consecuencias” para los legisladores que se opongan a sus políticas.

Mientras tanto, se espera que la Corte Suprema emita pronto una decisión que podría afectar la legalidad de los aranceles de Trump, poniendo en jaque su estrategia económica. En medio de estas disputas, la opinión pública en Estados Unidos se muestra cada vez más frustrada por el impacto de los aranceles en el costo de vida, y muchos culpan a Trump y a los republicanos por la inflación.

Por otro lado, los indicadores económicos muestran un panorama contradictorio: el informe de empleo de enero señala la creación de 130.000 puestos de trabajo, casi el doble de lo esperado, aunque la mayoría se concentró en el sector de la salud.

Otros sectores muestran resultados débiles o pérdidas, evidenciando que la economía estadounidense sigue dependiendo en gran medida de unos pocos «taburetes» que sostienen su crecimiento, como el gasto de las clases altas y la inversión en inteligencia artificial por parte de las grandes tecnológicas.

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