Las Polémicas declaraciones de Espert: «Reivindican asesinos y terroristas»
El 24 de marzo es una fecha fundamental en la historia de Argentina, un día para recordar y reflexionar sobre las atrocidades ocurridas durante la última dictadura militar. La memoria, la verdad y la justicia no deben ser parte de un debate político, sino un principio fundamental de la democracia.

Sin embargo, las declaraciones recientes de José Luis Espert, diputado nacional por La Libertad Avanza, sobre esta fecha han generado un fuerte rechazo en amplios sectores de la sociedad. Espert, al referirse a la marcha del Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, afirmó que aquellos que se movilizaron «reivindican asesinos y terroristas», acusando a un sector de la sociedad de ser parte del «baño de sangre» que vivió el país durante los años de la dictadura.
Este tipo de comentarios no solo distorsionan la realidad histórica, sino que también muestran una falta de respeto por las víctimas de la dictadura y sus familias. Al calificar de «terroristas» a quienes lucharon contra un régimen opresivo que secuestró, torturó y mató a miles de personas, Espert no hace más que poner en duda la legitimidad de una causa que busca justicia, verdad y reparación.
Al mismo tiempo, al referirse a quienes defienden los derechos humanos como «parte del baño de sangre», el diputado fomenta una división innecesaria y peligrosa en un tema que debería unir a todos los argentinos en la búsqueda de la verdad y la justicia.
Espert también hace afirmaciones sumamente polémicas al vincular a figuras como Nicolás Maduro y Fidel Castro con la «reivindicación de asesinos y torturadores», sugiriendo que esta visión parcial de la historia ha dominado el discurso nacional.
Esta visión de «una sola campana» sobre el pasado reciente es, en efecto, una falacia, pues la historia argentina, especialmente en lo que refiere a la dictadura, ha sido constantemente debatida y reconstruida a través de testimonios, juicios y condenas que han logrado visibilizar el sufrimiento de las víctimas y la responsabilidad de los perpetradores. Reducir este debate a una simple confrontación ideológica entre «los buenos» y «los malos» no hace más que obstaculizar la comprensión de un periodo histórico tan complejo y doloroso.
Las críticas de Espert también se extienden al propio 24 de marzo, al afirmar que el día debería dejar de ser feriado y ser tratado con «equilibrio», comparándolo con fechas como el 25 de mayo o el 9 de julio, que son días de festejo nacional. Esta declaración, lejos de ser una propuesta reflexiva, parece minimizar la gravedad de lo ocurrido en 1976 y años posteriores. Hablar del golpe de Estado como un «hito horrible» sin reconocer la necesidad de un proceso de memoria, justicia y reparación es, a todas luces, irresponsable.
Espert propone una «lectura equilibrada», pero lo que en realidad está sugiriendo es que el sufrimiento de las víctimas de la dictadura sea relativizado. En un país que aún no ha cerrado las heridas del pasado, propuestas como la suya parecen querer barrer debajo de la alfombra la memoria histórica que ha sido fundamental para el avance hacia una sociedad más justa.
Por último, sus afirmaciones sobre el kirchnerismo y su crítica a las políticas gubernamentales no hacen más que evidenciar un intento por desviar la atención del tema central: la memoria y justicia por las víctimas del terrorismo de Estado. A lo largo de la historia argentina, la lucha por la memoria ha sido transversal a gobiernos de todo signo político, y en lugar de utilizarla como un arma política, debería ser un compromiso de todos los sectores para evitar que nunca más se repita.
Las declaraciones de José Luis Espert no solo son inadecuadas, sino que ponen en peligro el proceso de reconciliación que aún falta en la sociedad argentina. Negar el sufrimiento de las víctimas de la dictadura y relativizar la importancia de recordar lo ocurrido es un retroceso que, como sociedad, no podemos permitirnos.
