14 de julio de 2026

Las dos caras del consumo: repunte en shoppings y supermercados, pero caída en mayoristas

En un contexto económico signado por el ajuste fiscal, la recesión y el debate sobre los primeros resultados del programa libertario, los datos de abril difundidos hoy por el INDEC ofrecen una radiografía ambigua pero reveladora del consumo masivo en la Argentina: mientras las ventas en shoppings y supermercados crecieron de forma significativa, el canal mayorista sigue en retroceso, mostrando que la recuperación aún no es homogénea.

Según el organismo oficial, las ventas en supermercados en cantidades aumentaron un 8,9% interanual, marcando la mayor suba en lo que va del mandato de Javier Milei.

En paralelo, los shoppings exhibieron un espectacular crecimiento del 66,9% nominal y del 19,2% real (a precios constantes), una señal clara de que el consumo recreativo y vinculado al ocio está repuntando con fuerza, especialmente en sectores de mayores ingresos.

En cambio, los autoservicios mayoristas registraron una caída del 2,9% en el mismo período, profundizando una tendencia negativa que ya acumula una baja del 6,6% en el primer cuatrimestre del año.

Este contraste entre canales refleja el fenómeno de las “dos velocidades” del consumo: mientras algunos sectores comienzan a mostrar signos de reactivación —apoyados en recomposición parcial de ingresos, reducción de la inflación y cierto alivio cambiario—, otros siguen resentidos, especialmente aquellos vinculados a compras de volumen o consumo popular, donde el ajuste impacta más fuerte.

Supermercados: consumo básico en recuperación
Las ventas totales en supermercados en abril sumaron $1.975.885 millones, un aumento nominal del 48% interanual. En términos reales, el crecimiento fue del 8,9%. Los rubros que más crecieron fueron “Carnes” (+77,6%), “Alimentos preparados y rotisería” (+77,4%) e “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” (+74,4%), lo que sugiere una mejora del consumo más allá de lo estrictamente alimentario.

Este desempeño puede vincularse al efecto de una desaceleración inflacionaria que permite una mejor planificación del gasto en los hogares, sumado al uso de promociones, tarjetas de descuento y programas como Cuota Simple, que empujan el consumo en grandes cadenas.

Shoppings: explosión de consumo en sectores medios-altos
El salto en los centros comerciales es incluso más marcado: las ventas totales alcanzaron casi $500.000 millones, con un crecimiento interanual de 66,9% nominal. A precios constantes, el alza fue del 19,2%. Esto indica una reactivación del consumo en bienes no esenciales como indumentaria, entretenimiento y tecnología, y evidencia que parte de la clase media está dispuesta a volver a gastar, tras un largo período de contención.

El dato es relevante porque los shoppings suelen ser un termómetro del humor social en los segmentos con mayor poder adquisitivo, que parecen responder con entusiasmo al nuevo clima económico, pese a la persistente caída del salario real en los sectores bajos.

Mayoristas: el canal castigado por la crisis

En contrapartida, los autoservicios mayoristas muestran una caída preocupante. Las ventas descendieron un 2,9% interanual en abril y el acumulado del año marca una baja del 6,6%. Además, el índice desestacionalizado retrocedió 3,2% respecto de marzo, lo que sugiere que la retracción no es estacional sino estructural.

Este canal, muy utilizado por comercios de barrio y familias de bajos ingresos que compran por volumen, está sintiendo el impacto directo del ajuste, con menos margen para sostener el consumo ante la pérdida del poder adquisitivo. También incide la caída en la actividad informal y el cierre de pequeños negocios, que eran parte importante de su clientela.

Una recuperación fragmentada

Los datos del INDEC muestran que el consumo no se mueve como un bloque único, sino que responde de manera diferenciada según el canal, el producto y el público. Mientras algunos indicadores sugieren una mejora, otros evidencian que la reactivación no llega a todos por igual.

En este sentido, el gobierno podría leer las cifras como un síntoma de que su programa empieza a dar señales de dinamismo en sectores puntuales. Pero también es una advertencia: si la recuperación no se generaliza, la desigualdad en el acceso al consumo podría profundizarse, con consecuencias sociales y políticas imprevisibles.

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