Lácteos Verónica al borde del colapso: 700 empleos en riesgo
El caso Lácteos Verónica refleja un patrón preocupante de desindustrialización encubierta, donde la falta de regulación efectiva y la flexibilización de controles permiten que empresas estratégicas abandonen su responsabilidad social. Lejos de ser una crisis empresarial aislada, el conflicto revela el impacto brutal de un modelo económico que prioriza la apertura indiscriminada de importaciones, el ajuste fiscal y la desprotección del empleo formal. En medio de este desmantelamiento silencioso, el silencio del Estado es tan escandaloso como la indiferencia patronal.

La crisis en Lácteos Verónica, una de las principales empresas del sector lácteo argentino, ha escalado a un punto crítico, poniendo en riesgo los 700 puestos de trabajo que sostiene a lo largo de sus plantas en Santa Fe y centros de distribución en Buenos Aires.
Con una producción en caída libre y serias irregularidades en el pago de salarios y aportes, los trabajadores denuncian un abandono empresarial que los empuja al borde de la indigencia.
Desde hace 15 días, los empleados mantienen una retención de crédito laboral como medida de fuerza ante lo que califican como una estafa. “Nos están robando la plata, ya no sabemos qué hacer. Hay compañeros que no tienen para comer”, advirtió Rodolfo Rodríguez, delegado de la planta Classon, quien también denunció la retención indebida de aportes a la obra social, lo que impide que trabajadores y sus familias accedan a tratamientos médicos esenciales.
La situación es aún más desconcertante si se considera que en 2020, en plena pandemia, Lácteos Verónica alcanzó un récord de producción. Hoy, la empresa procesa apenas 200.000 litros de leche diarios, una caída drástica respecto al millón que supo manejar. El argumento de una “crisis económica” choca con registros oficiales que indican que la compañía facturó $440 millones en febrero, con una ganancia —aunque reducida— que sigue existiendo.
Desdoblamiento de sueldos
Mientras la importación de productos lácteos 40% más baratos amenaza a la industria nacional, desde la empresa se intenta imponer un desdoblamiento de sueldos como vía de financiamiento, trasladando la crisis estructural al bolsillo de los trabajadores. Esta estrategia precarizante no solo viola derechos laborales básicos, sino que alimenta un conflicto cada vez más tenso, donde las asambleas se transforman en escenas de gritos y desesperación.
Pero las sombras sobre Lácteos Verónica no son nuevas. Ya en 2007, la empresa estuvo bajo la lupa de la Aduana por sospechas de subfacturación en exportaciones, y el actual presidente, Francisco Gonzalo Espiñeira —de 82 años y nacionalidad española— figura en listados de blanqueo de capitales del Banco Nación. Este historial suma dudas sobre el manejo financiero de la compañía y su aparente falta de voluntad para afrontar la actual crisis con transparencia y responsabilidad.
La audiencia prevista en tribunales porteños este jueves es la última esperanza para cientos de familias. “Estamos a la deriva, pidiendo ayuda. Si Lácteos Verónica quiebra, serán mil personas desamparadas”, sentenció Rodríguez. Mientras tanto, los trabajadores siguen cobrando en cuotas, soportando deudas, y sosteniendo con paciencia y dignidad una estructura que amenaza con desplomarse.
