26 de junio de 2026

La recesión golpea con fuerza a la industria alimentaria: cierres, despidos y un gremio en pie de lucha

Mientras crece la crisis del consumo y se desploman las ventas, empresas históricas del rubro alimenticio enfrentan cierres, ajustes y conflictos gremiales. El modelo económico impacta de lleno en un sector estratégico que hoy está en estado de emergencia.

La industria alimentaria argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas. El cierre de la planta Dánica en Llavallol a comienzos de 2025, que dejó en la calle a 150 operarios, fue apenas el primer síntoma de una crisis que hoy se generaliza y expone los efectos profundos de la recesión, el ajuste fiscal y la liberalización de precios impulsados por el gobierno de Javier Milei.

En ese contexto, grandes firmas como Molinos Río de la Plata y tradicionales pymes como Tía Maruca o Caramelos Lipo enfrentan parálisis productivas, amenazas de despidos y conflictos salariales que encienden todas las alarmas.

La situación es tan crítica que esta semana la Federación Trabajadores de la Alimentación (FTIA) protagonizó una masiva movilización frente a la sede de la cámara empresaria FIPPA. La protesta fue motivada por la negativa de las patronales a recomponer los salarios, limitadas por la pauta del 1 % que intenta imponer la Casa Rosada como techo paritario. “Aunque no nos quieran escuchar, no nos van a silenciar”, sentenció Rodolfo Daer, secretario general del gremio, quien además anticipó nuevas medidas de fuerza si no hay avances en la negociación.

Un colapso generalizado: despidos, cierres y ajustes

El caso de Molinos Río de la Plata es ilustrativo. A pesar de haber registrado ganancias extraordinarias durante el año 2024 gracias a la eliminación del programa Precios Cuidados y la liberalización del mercado, en 2025 la empresa inició un plan de ajuste que pone en riesgo unos 200 puestos laborales en su planta de Esteban Echeverría. Según la comisión interna, el grupo de la familia Pérez Companc busca despedir personal y eliminar beneficios del convenio colectivo, bajo el argumento de eficientizar costos en medio de la recesión.

El ajuste, sin embargo, no distingue escalas. Pymes emblemáticas como Tía Maruca, Lipo y La Lácteo también enfrentan crisis de liquidez, problemas para pagar salarios y conflictos sindicales. A este panorama se suma el parate productivo de Verónica, derivado del incumplimiento en el pago de haberes y aportes sociales, y la incertidumbre en la cooperativa Sancor, que aún atraviesa un concurso de acreedores sin horizonte claro.

Inflación y caída del consumo: el combo perfecto para la crisis
El trasfondo económico del derrumbe del sector es claro: una caída abrupta del consumo producto de la recesión, combinada con una inflación persistente. Solo en marzo de 2025, los alimentos subieron un 5,9 %, golpeando de lleno a los bolsillos más sensibles. La paradoja, sin embargo, es que el encarecimiento de los alimentos no favorece a los productores, sino que retrasa aún más la rotación de productos y agrava el freno de la demanda. Ni las grandes, ni las medianas ni las pequeñas empresas logran sostener su nivel de actividad.

La situación también afecta a las cadenas de valor que alimentan la industria: los sectores lácteo, avícola y frigorífico están igualmente comprometidos. Un dato que retrata con crudeza el colapso: el consumo per cápita de carne vacuna en Argentina este año será el más bajo desde 1920, según estimaciones del sector.

Gremios en alerta y plan de lucha en marcha
Ante la negativa empresarial a una recomposición salarial real, la FTIA ya anunció que el 3 y 4 de junio llevará a cabo un nuevo plenario de delegados. Allí se debatirá una medida de fuerza nacional si no hay avances. La propuesta del gremio incluye trabajar “a convenio” (sin horas extras ni tareas adicionales) y paradas técnicas prolongadas, lo que podría escalar a un paro general del sector si continúa la parálisis en la negociación.

En el corazón del conflicto subyace la tensión entre un modelo de ajuste que promueve la flexibilización laboral y el deterioro del salario real, y un movimiento sindical decidido a resistir. “Quieren producir lo mismo con menos gente. Eso lo pagaremos con hambre de las familias y la salud de quienes sigan trabajando. No lo vamos a permitir”, advirtió Luciano Greco, delegado de Molinos.

Una señal de alerta para el conjunto de la economía
La crisis de la industria alimentaria —uno de los sectores más tradicionales y estratégicos del país— es una muestra de cómo el actual modelo económico impacta en los eslabones más críticos de la producción nacional. Lejos de los beneficios prometidos por la desregulación, las empresas ven caer sus ventas y enfrentan un escenario de inviabilidad productiva.

Si el consumo interno no se recupera, si los salarios siguen siendo licuados por la inflación, y si el Gobierno mantiene su estrategia de “paritarias razonables” desconectadas de la realidad, el riesgo de que este conflicto se extienda a otros sectores es más que evidente. Y con él, la amenaza de que el costo del ajuste lo sigan pagando los mismos de siempre: los trabajadores.

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