La población de la Unión Europea disminuirá casi un 12% antes de fin de siglo
Según las últimas proyecciones de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, la población del bloque alcanzará su punto máximo en 2029 con aproximadamente 453,3 millones de habitantes, para luego experimentar un descenso sostenido que, a finales del siglo XXI, situará a los Veintisiete por debajo de los 400 millones.

Este declive acumulado, cercano al 12% respecto a los 451,8 millones actuales, sería sin precedentes en la historia moderna del continente.
Este proceso de reducción no será repentino, sino una erosión gradual que se acelerará en las próximas décadas. Aunque en los próximos años la inercia demográfica, aún impulsada por generaciones numerosas, amortiguará el impacto, a partir de 2050 la disminución se hará más marcada, cruzando la barrera de los 400 millones en los últimos años del siglo.
España, en contraste, presenta una tendencia diferente. El país continuará creciendo en la primera mitad del siglo, alcanzando cerca de 54 millones de habitantes en 2050, debido principalmente a los flujos migratorios que han compensado una baja natalidad. Aunque en la segunda mitad del siglo la población española también disminuirá, en 2100 se estima que tendrá alrededor de 49,7 millones, lo que representa un aumento del 1,3% respecto a 2025 y la convierte en una de las pocas naciones europeas que terminará el siglo con más habitantes que ahora, una anomalía en el contexto continental.
La pirámide poblacional también cambiará radicalmente. Para 2100, la proporción de jóvenes de 0 a 19 años caerá del 20% al 17%, mientras que la población en edad laboral (20 a 64 años) pasará del 58% al 50%. Además, la proporción de mayores de 80 años se triplicará, pasando del 6% actual al 16%, y los mayores de 65 años representarán casi un tercio de la población europea. La alta esperanza de vida, junto con las bajas tasas de natalidad y mortalidad, confirma que la tendencia hacia una población en declive no tiene reversa espontánea prevista.
Eurostat advierte que estas proyecciones son solo un escenario posible, sujetas a cambios en variables como natalidad, mortalidad y migración. Sin embargo, el mensaje es claro: Europa envejece, se reduce en tamaño y deberá adaptarse a sociedades más longevas y menos numerosas. La discusión sobre políticas migratorias, reformas sociales y modelos económicos será central en la agenda política del continente en los próximos años.
