5 de mayo de 2026

La paradoja del PBI: según el gobierno la economía crece pero el empleo no arranca

Aunque el Gobierno celebra los primeros signos de recuperación económica tras años de crisis, los datos del mercado laboral pintan un cuadro muy distinto. Mientras el Producto Bruto Interno (PBI) repunta impulsado por sectores como el agro, la energía y algunas industrias tecnológicas, ese crecimiento no llega al bolsillo de millones de trabajadores ni se traduce en empleos de calidad. La brecha entre los números macroeconómicos y la realidad cotidiana se ensancha, alimentando una sensación de estancamiento social que el relato oficial no logra cubrir.

Los sectores que hoy traccionan la recuperación tienen algo en común: son poco intensivos en empleo. La automatización, las mejoras de productividad y el perfil exportador permiten que crezcan sin necesidad de incorporar grandes contingentes de trabajadores.

A esto se suma el clima de incertidumbre económica y política, que lleva a muchas empresas a congelar contrataciones o volcarse a esquemas laborales más flexibles y precarios.

El empleo privado registrado, tradicional termómetro del mercado formal, sigue estancado. En contraste, crecen el cuentapropismo, la informalidad y las “changas” como estrategia de supervivencia. Esto dibuja un mapa laboral frágil, con menos estabilidad, menor cobertura de derechos y salarios que no alcanzan a cubrir la canasta básica.

Empleo de baja calidad y subocupación

La paradoja es evidente: el PBI crece, pero la calidad del trabajo retrocede. El aumento del trabajo informal y por cuenta propia, en general mal remunerado y sin protección social, muestra que la recuperación económica está desconectada del mundo del trabajo. Según el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), el 27,6% de los desempleados lleva más de un año buscando trabajo sin éxito. Eso representa a más de 1,4 millones de personas que viven en el limbo de la desocupación estructural. Y si se suman quienes llevan entre seis meses y un año en esa misma situación, se llega a casi la mitad de los desocupados del país.

Este dato no aparece con fuerza en las cifras oficiales, que muestran una tasa de desempleo relativamente estable. Sin embargo, eso se explica en parte porque muchos simplemente dejan de buscar trabajo, desalentados por un mercado que no ofrece oportunidades reales.

El espejismo del rebote

Lo que se vive en el mundo del trabajo es una recuperación sin reparto. No hay derrame. Y eso cuestiona la narrativa optimista que el Gobierno intenta instalar. La economía mejora, pero lo hace sobre bases desiguales, excluyentes y, en muchos casos, inestables. Si no se genera empleo de calidad, el crecimiento será una promesa vacía para millones que ya no se alimentan de expectativas.

La urgencia, entonces, no es solo consolidar los números macroeconómicos, sino reconectar esa macro con la vida real. No hay crecimiento sostenible si ese crecimiento no se vuelve inclusión. No hay futuro si la mitad de los desocupados está atrapada en una búsqueda infructuosa de empleo. Y no hay legitimidad política si el rebote del PBI es apenas un espejismo que no toca ni los salarios ni la dignidad del trabajo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *