Crisis en Lácteos Verónica: una centenaria industria al borde del colapso y 700 empleos en riesgo
La crisis económica que golpea a diversos sectores productivos en Argentina tiene hoy como protagonista a una de las marcas más emblemáticas del rubro alimenticio: Lácteos Verónica. Con más de 100 años de historia, la firma santafesina atraviesa una situación crítica que pone en jaque a más de 700 trabajadores y amenaza con el cierre de sus plantas ubicadas en Lehmann, Totoras y Suardi, en la provincia de Santa Fe.

El deterioro no es nuevo, pero se ha acelerado drásticamente en las últimas semanas. La empresa adeuda salarios, perdió a la mayoría de sus proveedores de leche por falta de pago, y registra un pasivo financiero superior a los 9.224 millones de pesos. En marzo, incluso le fueron rechazados cheques por más de 460 millones, lo que encendió nuevas alarmas sobre su solvencia.
Verónica es mucho más que una empresa en crisis. Fundada en 1923 y radicada desde los años 60 en el corazón de la cuenca lechera santafesina, supo posicionarse como una de las principales compañías lácteas del país. Su historia está vinculada a la producción familiar, la expansión industrial y el consumo masivo, con una presencia consolidada en góndolas de todo el país.
Pero hoy, esa historia parece entrar en su capítulo más oscuro. “Pasamos de procesar un millón de litros diarios a no llegar a 200 mil”, describió Rodolfo Rodríguez, uno de los trabajadores, con evidente preocupación. Esa caída abrupta en el volumen de producción evidencia una ruptura en la cadena de valor: sin materia prima, no hay productos; sin productos, no hay ingresos; y sin ingresos, no hay sueldos.
La situación llevó a los trabajadores a una medida de fuerza que definieron como una “retención de crédito laboral” en reclamo del pago de salarios atrasados. “Queremos dejar en claro que no estamos bloqueando la planta, estamos reclamando lo que nos corresponde”, explicaron.
La incertidumbre como única certeza
La falta de respuestas claras por parte de la empresa profundiza la desconfianza entre los trabajadores. “No estamos cobrando en tiempo y forma y no hay comunicación”, sostuvo Rodríguez. Desde la compañía se limitan a asegurar que no venderán ni despedirán, pero sin ofrecer un plan concreto para revertir la situación. Mientras tanto, la incertidumbre y el miedo al desempleo crecen.
La audiencia convocada por el Ministerio de Trabajo de Santa Fe aparece como una instancia clave para contener el conflicto. Se espera que el encuentro entre la patronal y los gremios permita al menos clarificar los compromisos a corto plazo, especialmente en lo relativo a la continuidad laboral y el pago de salarios.
La debacle de Verónica no es un caso aislado. Es reflejo de una coyuntura nacional en la que numerosas empresas industriales —en especial del sector alimentario— se ven acorraladas por la caída del consumo, el aumento de costos, las restricciones crediticias y la falta de políticas activas para sostener la producción. La consecuencia directa es la pérdida de empleo, el deterioro de los derechos laborales y la destrucción de tejido productivo en regiones que dependen de estas fábricas.
El caso Verónica pone de relieve una contradicción que se repite en distintos puntos del país: mientras se promueve la inversión extranjera y la “modernización productiva”, industrias nacionales con décadas de historia cierran o se achican sin auxilio del Estado ni respuestas estructurales.
¿Tiene futuro una marca centenaria?
El destino de Verónica pende de un hilo. La firma que supo ganar un lugar de preferencia entre los consumidores argentinos por la calidad de sus productos y su política de reinversión, hoy no logra sostener su operación básica. Sus trabajadores, con décadas de experiencia, enfrentan el abismo de la desocupación y la desprotección.
El desenlace de esta crisis dependerá de la capacidad del Estado provincial y nacional de intervenir de forma efectiva, y de que la empresa logre recuperar parte de su cadena de producción. Pero más allá de Verónica, el caso obliga a abrir un debate urgente sobre la sustentabilidad del entramado productivo argentino y la necesidad de proteger a quienes, día a día, lo sostienen desde las líneas de producción.
