11 de junio de 2026

La ONU cuestionó el uso de la fuerza de EE. UU. en Venezuela y advierte sobre un precedente peligroso

El llamado de la ONU funciona como advertencia: sin respeto al derecho internacional, incluso las causas que se presentan como justas pueden terminar profundizando la injusticia.

La Organización de las Naciones Unidas lanzó una dura crítica contra el bombardeo ejecutado por Estados Unidos en Venezuela, una acción que, según la versión oficial, culminó con la detención de Nicolás Maduro.

Más allá del hecho puntual, el pronunciamiento del organismo internacional apunta a un problema de fondo: la erosión de principios básicos del derecho internacional en nombre de objetivos políticos.

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, fue categórico al señalar que la operación militar estadounidense “socava un principio fundamental del derecho internacional”, al recordar que los Estados no deben recurrir al uso de la fuerza para imponer demandas políticas o territoriales. Esta afirmación no solo cuestiona la legalidad del accionar de Washington, sino que también pone en discusión la legitimidad de las intervenciones unilaterales bajo el argumento de la defensa de los derechos humanos.

Desde la ONU se reconoce el “prolongado y atroz historial” de violaciones de derechos humanos atribuido al gobierno venezolano. Sin embargo, el organismo advierte que la rendición de cuentas no puede imponerse mediante una intervención militar que, en sí misma, vulnera normas internacionales. El mensaje es claro: la defensa de los derechos humanos pierde credibilidad cuando se apoya en métodos que reproducen la violencia y el irrespeto al orden jurídico global.

El impacto inmediato de la operación en Caracas —marcado por protestas, saqueos y tiroteos— refuerza la preocupación del ente internacional. Lejos de generar estabilidad o abrir un camino hacia la justicia, la militarización y el clima de confrontación parecen profundizar el caos social y el sufrimiento de la población civil. En este contexto, la ONU advierte que la intervención podría agravar una crisis humanitaria ya compleja, en lugar de contribuir a su resolución.

El pronunciamiento también interpela a la comunidad internacional: ¿hasta qué punto es aceptable sacrificar la soberanía y la autodeterminación de un pueblo en nombre de la justicia? Para la ONU, el futuro de Venezuela debe ser definido exclusivamente por los venezolanos, a través de procesos justos, centrados en las víctimas y respetuosos de los derechos humanos.

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