La Justicia ordenó garantizar la escolaridad inclusiva de dos hermanos y sienta un precedente para niños con TEA
Este fallo se proyecta como un precedente significativo: reafirma que la inclusión educativa es un derecho, no una concesión, y que las decisiones institucionales deben alinearse con ese principio, especialmente cuando se trata de garantizar igualdad de oportunidades para estudiantes con discapacidad.

La reciente resolución del Juzgado de Garantías del Joven N.º 3 de La Plata marcó un punto de inflexión en la discusión sobre inclusión educativa en Argentina.
El tribunal hizo lugar al amparo presentado por el arquero de Independiente, Rodrigo Rey, y su pareja, María Laura Cáceres, tras el rechazo de matrícula que su hijo Benicio —diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista— recibió en una institución educativa de City Bell, situación que también afectó a su hermana Renata.
La Justicia calificó el caso como un claro ejemplo de discriminación indirecta. Consideró que la exclusión generó un impacto desproporcionado motivado por la condición de discapacidad y señaló que la entidad educativa no pudo justificar su accionar con argumentos legítimos. En consecuencia, ordenó garantizar la continuidad escolar de ambos niños hasta la finalización de sus ciclos educativos y asegurar que Benicio acceda a una educación plena, inclusiva e integradora, adaptada a sus necesidades y orientada a su desarrollo integral.
El fallo trasciende el caso particular. Expone la persistencia de prácticas escolares que aún reproducen barreras estructurales para estudiantes con TEA, pese al marco legal que exige la inclusión. También refuerza la obligación de las instituciones privadas de adecuar sus recursos y organización para garantizar el derecho a la educación sin discriminación.
La resolución agrega un componente relacional al recomendar que tanto los padres como el personal directivo y empresarial de la Fundación José Manuel Estrada trabajen en fortalecer el vínculo entre ambas partes. La Justicia buscó subrayar que la inclusión no solo implica la permanencia en el aula, sino también un entorno respetuoso, armonioso y centrado en el interés superior de los niños.
