La interna libertaria expone tensiones estratégicas ante un eventual fallo contra Cristina Kirchner
Aunque el oficialismo evita expresarse públicamente por orden directa del presidente Javier Milei, la realidad interna dista mucho de ser homogénea: se discute no solo el impacto electoral del fallo, sino también el rumbo narrativo y estratégico del propio espacio libertario.

Mientras la Corte Suprema se acerca a un fallo clave sobre la condena de Cristina Fernández de Kirchner, La Libertad Avanza (LLA) se ve envuelta en una interna silenciosa pero significativa que revela las tensiones sobre cómo capitalizar —o no— políticamente una eventual proscripción de la figura más emblemática del peronismo contemporáneo.
Algunas voces cercanas al despacho presidencial admiten que, de confirmarse la inhabilitación de Cristina Kirchner, el oficialismo deberá repensar candidaturas, particularmente en la decisiva tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires, bastión histórico del kirchnerismo.
En ese escenario, un sector del partido ya considera modificar el perfil del candidato: menos confrontativo, más “plano”, con menor exposición, incluso deslucido en términos competitivos. Es una forma de decir que, sin Cristina como contrincante, la campaña perdería a su antagonista perfecto.
Este sector sostiene que el fallo judicial no será inocuo ni para el kirchnerismo ni para el oficialismo: si bien removería de la cancha a “la única que tiene votos”, como reconocen en off, también podría fortalecer al peronismo si logra reagruparse bajo la narrativa de la persecución judicial, como ocurrió con Lula Da Silva en Brasil. “Los hechos sociales no son monocausales”, citan con académica ambigüedad desde Balcarce 50, advirtiendo sobre efectos contrapuestos.
Por otro lado, Karina Milei y su círculo más cercano niegan que el fallo de la Corte tenga peso en el diseño electoral libertario. “La elección será modelo contra modelo”, afirman, restándole centralidad a la figura de Cristina Kirchner.
En esta visión, la campaña no debe girar en torno a la expresidenta ni a los movimientos del peronismo, sino consolidarse como una oferta propia, autónoma, puramente “libertaria”. El objetivo es evitar que la estrategia de LLA quede atrapada en la lógica reactiva del kirchnerismo.
Sin embargo, esa postura choca con el hecho de que la propia construcción de candidaturas en la tercera sección y otros distritos clave parte —implícita o explícitamente— del supuesto de que Cristina estará en carrera. Como admiten en privado, el perfil del candidato ideal para LLA sería alguien con escasa trayectoria política, que encarne el rechazo al pasado reciente: la “antítesis” de Cristina. Una estrategia pensada para polarizar, no para gestionar matices.
Este doble juego revela una tensión de fondo en el oficialismo: la dependencia narrativa del kirchnerismo como enemigo funcional. Sin esa figura aglutinadora del rechazo, LLA podría enfrentarse a un dilema: construir su identidad sin recurrir constantemente al espejo deformante del pasado. En ese contexto, las internas, los contactos con el PRO —como la reunión entre Sebastián Pareja y Cristian Ritondo—, y la indefinición de candidaturas reflejan más incertidumbre que fortaleza.
La disputa interna libertaria, lejos de ser una mera diferencia táctica, plantea una pregunta estratégica profunda: ¿puede La Libertad Avanza construir un proyecto duradero que no dependa de Cristina Kirchner como amenaza simbólica? La Corte Suprema, con su fallo, podría no solo redefinir el mapa electoral, sino también obligar al oficialismo a enfrentarse por fin a su propio vacío de propuestas más allá del antagonismo.
