18 de junio de 2026

La industria en alerta: el uso de capacidad instalada cayó al 58,2% en julio

La fotografía de julio muestra más que un dato coyuntural: exhibe el agotamiento de una estrategia que prioriza la estabilidad financiera a costa de la actividad productiva. El riesgo es que, detrás de cada punto menos de capacidad instalada, haya no solo máquinas apagadas, sino familias sin ingresos y un tejido industrial cada vez más debilitado.

La industria argentina atraviesa una nueva señal de alarma. Según datos del INDEC, la utilización de capacidad instalada se desplomó al 58,2% en julio, lo que marca no solo un retroceso respecto del mes previo, sino también la primera caída interanual desde noviembre de 2024.

Con ocho meses consecutivos por debajo del 60%, el indicador confirma un estancamiento persistente que se combina con un mercado laboral en retroceso.

El dato refleja con crudeza la contracara de la política económica actual. Mientras el Gobierno recurrió en julio a tasas de interés exorbitantes para contener la volatilidad financiera y la escalada del dólar, la contracción del crédito y la incertidumbre paralizaron la inversión y el consumo. El resultado es un círculo vicioso: la industria produce menos, emplea menos y utiliza cada vez menos de su capacidad instalada.

El derrumbe no es uniforme, pero sí preocupante. Los sectores más castigados son los más dependientes del mercado interno: la industria automotriz cayó del 52,2% al 44,1%, la textil se hundió del 49% al 44% y los productos de caucho y plástico tocaron un alarmante 43,2%. El golpe del boom de importaciones se hace sentir con fuerza en ramas que difícilmente puedan competir con bienes importados más baratos en un contexto de demanda deprimida.

En contraste, los sectores con mejor desempeño son aquellos con fuerte salida exportadora, como la refinación de petróleo (81,7%) o las industrias metálicas básicas (63,9%). Esta heterogeneidad desnuda un modelo productivo cada vez más fragmentado: los rubros orientados al mercado externo logran sostenerse, mientras los que dependen del consumo interno se hunden, arrastrando consigo empleos y pymes.

El escenario plantea una doble alerta. Por un lado, el retroceso del empleo industrial amenaza con profundizar la crisis social en un país con alta informalidad y desempleo en ascenso. Por otro, la caída en la utilización de capacidad instalada marca que las fábricas trabajan a media máquina, desaprovechando recursos y dejando ociosas inversiones ya realizadas.

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