20 de abril de 2026

La economía sufrió la segunda caída mensual más pronunciada en los últimos 16 meses

El dato, difundido por la consultora Orlando Ferreres & Asociados a través de su Índice General de Actividad (IGA), marca un retroceso del 1% respecto de junio y confirma que, pese a los anuncios oficiales de estabilización, la economía sigue atrapada en una dinámica frágil y vulnerable a la volatilidad cambiaria.

La economía argentina volvió a dar señales preocupantes en julio, cuando sufrió la segunda caída mensual más pronunciada en los últimos 16 meses.

El informe advierte que la actividad quedó apenas 0,3% por encima de los niveles de diciembre de 2024, lo que implica que, a ocho meses de iniciado el año, el crecimiento es prácticamente nulo. La cifra desnuda las dificultades de 2025 para despegar en un contexto de dólar inestable, tasas de interés altas y un consumo debilitado por la incertidumbre.

La contracción de julio se convierte así en la segunda más fuerte desde marzo del año pasado, cuando la inestabilidad previa al acuerdo con el FMI ya había golpeado la actividad. El patrón que se repite es claro: cada episodio de tensión cambiaria repercute de inmediato en el humor inversor y en las decisiones de consumo, configurando un escenario en el que la recuperación nunca logra consolidarse.

Si bien el IGA mostró una mejora interanual del 3,6%, este avance es el más bajo desde noviembre de 2024 y sugiere un crecimiento cada vez más debilitado. En otras palabras, las comparaciones anuales todavía lucen positivas por la base deprimida de 2023, pero en la medición más sensible —mes contra mes— la economía se estanca e incluso retrocede.

Los números sectoriales muestran con crudeza esa heterogeneidad. Mientras la intermediación financiera (+23,1%), la minería y los hidrocarburos (+10,9%) y la construcción (+4,9%) avanzaron con fuerza, la industria manufacturera volvió a ser el talón de Aquiles. Con una caída del 2,4% en julio, arrastra consigo rubros clave como la producción de aceites (-10,1%) y la automotriz (-16,5%), dos sectores que históricamente actúan como motores de empleo y exportaciones.

El cuadro general deja poco margen para el optimismo: las mejoras puntuales en ciertos sectores no alcanzan para compensar la debilidad estructural de la economía real, donde el consumo sigue retraído y la inversión se mantiene a la defensiva. Con un 2025 que transita su segundo semestre sin señales claras de reactivación, la pregunta que se impone es si el gobierno podrá sostener algún sendero de crecimiento o si la inercia de la recesión volverá a imponerse.

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