7 de febrero de 2023

La construcción ideológica de la sexualidad y el Estado cómplice (Parte I)

Nuevamente el autor del Libro “ESI”, profesor Andrés Martínez, nos propone mirar la sexualidad a través de un cristal muy diferente al que lo haríamos por estar acostumbrados en esta actualidad globalizada. Nos invita a reflexionar sobre cuestiones que en medio del fragor de la lucha por el reconocimiento y puesta en valor de la identidad de género, la legalización del aborto y la toma de control de los espacios culturales para ganar espacios en la política, resultan fundamentales y urgentes. Para el catedrático, “La sexualidad es una construcción ideológica en complicidad y monitoreo del Estado y las instituciones sociales”, el tema de sus postulados que desglosará en tres entregas sucesivas y en las que pondrá en relieve las estructuras biológicas, ideológicas-estatales y la contracultura de la verdad, para entender por qué la sexualidad no es el fin último, sino el medio.

La sexualidad humana siempre es tenida en consideración por muchos actores sociales e instituciones gubernamentales en general, que de una u otra manera procuran administrar su esencia y definir un estándar sexual según sus intereses y accionar subjetivo. Durante décadas la sexualidad humana fue considerada una entidad capaz de ser revocada, moldeada y reorientada según sean las aspiraciones de sus actores sin siquiera medir la gravedad de las consecuencias que ella podría tener. Pensar a la sexualidad desde una óptica ideológica constituye una amenaza perturbadora para la esencia biológica, psicológica y espiritual del ser humano. La premisa para reconocer el modus operandi de las corrientes ideológicas es conocer –primeramente– la construcción científica-biológica-medica de la sexualidad humana.

Desde la concepción celular el cigoto ya es una vida que tiene características biológicas propias dispuestas a desarrollarse en el lapso que dure el embarazo. Para que se produzca un nuevo ser es necesario que el óvulo y el espermatozoide se junten y fusionen, a este proceso se lo llama fecundación. En la especie humana la fecundación es interna, es decir se produce dentro del cuerpo de la mujer, concretamente en las trompas de Falopio.

En consonancia con la concepción y fecundación se encuentra el embarazo, fase en que el óvulo fecundado se desarrolla durante el periodo de 9 meses y se realiza en el útero. Cabe destacar que, en el segundo mes, los órganos están casi desarrollados y algunos comienzan a funcionar. Por eso es importante definir y sentar bases en cuanto al momento en que la vida humana se inicia desde la perspectiva científica. Y en este sentido, la vida comienza desde el momento de la concepción o fertilización, es decir, en la unión del espermatozoide (llega con los 23 cromosomas del padre) y el óvulo (23 cromosomas correspondiente a la madre). Todo este proceso natural, es ampliamente admitido por las ciencias biológicas y médicas, debido a que a partir de la fusión cromosomática, se inicia un desarrollo continuo e interdependiente de un individuo genéticamente nuevo.

      Entonces, la vida humana significa un proceso biológico singular que cumple con un calendario natural capaz de desarrollar cada célula y órgano según la dinámica de la genética interna del cigoto cuya definición médica corresponde a aquella primera célula de la persona, pues ya no es mamá ni papá, sino que es un nuevo ser humano, genéticamente único e irrepetible en la historia de la humanidad. Dicho cigoto, o nueva realidad corporal, es una célula con 46 cromosomas portando así, 23 de la madre y 23 del padre. Genéticamente, el cigoto, contará con un centro coordinador del desarrollo que reside en las moléculas de ADN, fruto de la adición de los caracteres genéticos paternos y maternos, en una combinación nueva y particular.      Por lo tanto, es importante destacar un aspecto más en torno al desarrollo embrionario desde la óptica científica, la cual estoy haciendo mención, y corresponde a señalar la relevancia que le brinda la ciencia al cigoto. La ciencia ha confirmado la personalidad del niño por nacer y, en este sentido, un hombre de ciencia dijo; “Cada uno de nosotros tiene un comienzo muy preciso, el momento de la concepción[1]; significa entonces que mediante el sentido del tacto a través del vientre, él (célula nueva) percibe, siente y fomenta su personalidad, tiene movimiento autónomo, se acomoda y rige su espacio.

A medida que la nueva célula se va desarrollando la herencia y genética contribuyen en el funcionamiento del formado Sistema Nervioso con sus células: las neuronas. Allí se va a formar y expresar la psiquis humana. Alrededor de la sexta semana de concepción se produce el cierre del tubo neural (precursor del Sistema Nervioso). Todo este andamiaje embrionario, dará como resultado al cerebro y a la columna vertebral.

La realidad del inicio, desarrollo, reproducción y procreación humana nos permite formatear un eufemismo real e inclaudicable. y es que; la sexualidad, en todas sus dimensiones, es una realidad bilógica, psicológica y espiritual. El álcali de esta afirmación que hago mención, tiene su asociación con la taxonomía conceptual que hizo la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su documento sobre “Promoción de la Salud Sexual”, respecto a la definición de; sexo, sexualidad, sexualidad anormal, salud sexual, perspectiva de género, identidad de género, entre otros. La realidad es que la biología y medicina han configurado exhaustivamente los fundamentos teóricos y científicos para evidenciar que, la sexualidad es una dimensión integral de todo hombre y mujer sin siquiera dar por posible la alterativa de que se pueda gestar biológicamente un sexo alterno fuera del binomio sexual y natural.

En concordancia con la estructuración biológica del ser humano, se encuentra la realidad psicológica con el que se desarrolla la integralidad sexual humana. La etapa intrauterina y neurodesarrollo explica el proceso por el cual el cerebro va evolucionando durante el embarazo. El cerebro comienza a desarrollarse luego de los 18 días de la concepción, y es aquí en donde se forman las células nerviosas que luego producen neuronas. En las primeras semanas el cerebro del embrión está en su estadio más simple y eso implica que a medida que vaya creciendo se irá plegando sobre si mismo y formaran las distintas partes del cerebro como; el prosencéfalo, el mesencéfalo y el cerebelo. Durante el segundo trimestre del embarazo, el sistema nervioso cerebral comienza a complejizarse, aunque la principal actividad cerebral se moviliza a partir de las 7 semanas, acompañado de la dinámica fetal. Durante estas semanas las neuronas se duplican a una velocidad exponencial en un total de 250.000 neuronas que se desarrollan por minuto.

A partir del tercer trimestre del embarazo (27 semanas), el cerebro aumenta considerablemente su superficie. En este periodo se forman las dendritas, las conexiones sinápticas y las vainas de grasa de mielina que se encargan de proteger los axones. A las 30 semanas, el cerebro comienza a formar los surcos y circunvalaciones propias de este órgano. A las 36 semanas el sistema nervioso ha completado totalmente su neurodesarrollo y el cerebro posee un total de 100 mil millones de neuronas las cuales le acompañaran en su vida en general. En este mismo orden, es importante reconocer y asentar que el cerebro humano se desarrolla durante un periodo prolongado, su maduración continua durante la adolescencia y la edad adulta. De ahí que, la evolución cerebral esta propensa a modificaciones ambientales y a apariciones de estrés neuronal producto del comportamiento social del individuo.       El basamento psicológico del individuo es producto de dos determinantes bien significativos: por un lado, lo genético y, por otro lado, la calidad de las relaciones interpersonales que se tienen durante el embarazo. La firmeza psíquica y mente saludable se comienza a originar a partir del embarazo, tiempo en que la madre necesita ineludiblemente de un ambiente favorable para fortalecer las conexiones neuronales del individuo por nacer. La claridad de la ciencia es maravillosa y compatible con las admisiones biológicas y naturales de un diseño sobrenatural de la raza humana. Toda especie y criatura creada tiene una divina expresión que se pronuncia en un tremendo esplendor de perfección, conexión y autenticidad.


[1] Doctor Jerome Lejoune Dr en Medicina y en Ciencias por la Universidad de la Sorbonne. Fundador de la patología cromosómica humana. Premio Kennedy 1962. Profesor de genética fundamental.

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