La confianza en Milei vuelve a hundirse: jóvenes y universitarios, los más desencantados
Así lo reveló el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella junto con Poliarquía, que midió apenas 2,34 puntos en una escala de 0 a 5.

El Gobierno de Javier Milei enfrenta un nuevo revés en materia de percepción social: la confianza en su gestión cayó 4,6% durante junio, alcanzando uno de los niveles más bajos desde que asumió la presidencia.
Este nivel de confianza prácticamente iguala el registrado en abril, que había marcado el piso de la administración libertaria, y deja en evidencia que la recuperación de mayo —cuando el índice llegó a 2,45— no logró consolidarse. Según el informe, el mayor deterioro se explica por un aumento de la desconfianza entre dos grupos clave: los jóvenes y las personas con educación universitaria, sectores que en su momento representaron un soporte importante para el discurso de cambio y ruptura que impulsó Milei.
La encuesta destaca que, en los 19 meses que lleva La Libertad Avanza al frente del Ejecutivo, solo hubo dos registros peores: 2,33 en abril de 2025 y 2,16 en septiembre de 2024. Aunque en términos promedio Milei se mantiene por encima de los niveles que alcanzaron Macri y Fernández en sus primeros 18 meses de gestión, la tendencia muestra un preocupante desgaste que podría comprometer su capital político en un contexto de conflictividad social creciente.
El dato resulta especialmente significativo porque el Gobierno insiste en sostener un rumbo de ajuste económico profundo, con recortes de subsidios, subas de tarifas, pérdida del poder adquisitivo y tensiones con el sistema sindical, factores que inevitablemente erosionan la confianza en amplias capas de la población.
La caída de la confianza en los sectores jóvenes y educados también expone la dificultad del oficialismo para mantener adhesiones más allá del voto “anti-casta” inicial. Para buena parte de este electorado, el discurso disruptivo del presidente empieza a chocar con la realidad de recortes en áreas sensibles, deterioro de servicios públicos y falta de perspectivas de crecimiento.
Si bien la comparación con Macri y Fernández sigue dándole algo de margen a Milei —con una confianza promedio 2,6% superior a la de Macri y 37,1% por encima de la de Fernández en períodos equivalentes—, el escenario político es volátil. Sin resultados tangibles que mejoren la vida cotidiana, incluso el respaldo más firme puede seguir resquebrajándose.
En definitiva, la nueva caída del ICG en junio vuelve a advertir que el relato de la motosierra y la épica de la “libertad” no alcanza para sostener la confianza de forma indefinida. Con una sociedad cada vez más escéptica, especialmente entre quienes deberían ser el motor de la renovación política, Milei enfrenta el desafío de demostrar que su modelo puede traducirse en mejoras concretas —o arriesgarse a perder el capital simbólico que lo llevó al poder.
Si querés, puedo ayudarte a profundizar en el perfil de los votantes desencantados o el impacto de este índice en la gobernabilidad —avísame y avanzamos.
