Jorge Macri rechaza que Cristina Kirchner cumpla prisión domiciliaria en Constitución
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, dejó clara su postura en un gesto que mezcla preocupación institucional con una fuerte carga política: no quiere que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner cumpla prisión domiciliaria en su departamento del barrio de Constitución.

A través de la Procuración General de la Ciudad, el Ejecutivo porteño solicitó formalmente al Tribunal Oral Federal Nº 2 que rechace esa posibilidad, argumentando que su presencia alteraría “gravemente” la seguridad, la movilidad y la vida cotidiana de una zona de alta densidad urbana.
La solicitud se suma al rechazo ya manifestado por los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola, quienes consideran que el beneficio de la prisión domiciliaria no debe otorgarse automáticamente, incluso si se cumplen algunos de los requisitos formales. En ese marco, el pronunciamiento del gobierno porteño, que si bien no es vinculante, sí es simbólicamente potente, introduce otro elemento en un caso donde lo jurídico y lo político se entrecruzan de manera inevitable.
El argumento central de la Ciudad es operativo: el dispositivo de custodia permanente que implicaría mantener detenida a Cristina Kirchner en su casa de San José 1111 implicaría una afectación constante del orden urbano. Se alude a “cortes de calles, ruidos molestos, concentraciones espontáneas y sobrecarga operativa” que, según informes técnicos adjuntados, impactarían negativamente en la prestación de servicios, la circulación y hasta el funcionamiento de instituciones educativas cercanas.
Sin embargo, detrás de la preocupación administrativa subyace un mensaje político de alto voltaje: Jorge Macri busca marcar territorio. A tono con una gestión que se presenta como firme en la defensa del “orden público” y el control urbano, el planteo parece también una toma de distancia simbólica frente a la figura de la expresidenta, aún en su condición de condenada. No se trata solo de logística, sino de poder.
El gesto también le sirve al jefe de Gobierno para reforzar su perfil en la interna de Juntos por el Cambio, donde el endurecimiento de posturas frente al kirchnerismo todavía opera como capital político. En un contexto donde la ciudad de Buenos Aires ha sido históricamente un bastión antikirchnerista, Macri consolida así una posición que lo alinea con el electorado duro del PRO y de los sectores más conservadores del espacio libertario, en tiempos de redefiniciones dentro de la coalición opositora.
La pulseada no es menor: si el Tribunal Oral Federal 2 concediera la prisión domiciliaria, se abriría un escenario de tensión institucional entre jurisdicciones. El propio gobierno porteño advirtió que, si se autoriza el arresto en Constitución, deberá haber “medidas excepcionales” y coordinación con Nación para garantizar el orden.
El caso pone de manifiesto hasta qué punto la figura de Cristina Kirchner sigue siendo un factor disruptivo —incluso en su rol de condenada y fuera del poder formal—. Su eventual permanencia en Constitución no es simplemente una cuestión judicial o penitenciaria: es una decisión que impacta en el espacio público, en el clima político y en las alianzas dentro de la oposición.
Así, más que una disputa por una dirección, lo que está en juego es la administración del poder simbólico y del espacio en una ciudad que ha sido escenario de las principales batallas políticas de los últimos años. En ese sentido, Jorge Macri busca blindar el territorio porteño no solo frente a posibles alteraciones del orden, sino frente a la narrativa kirchnerista que, aún debilitada, sigue incomodando a los administradores de la capital.
