20 de octubre de 2026

Javier Milei negó la crisis del empleo y defendió su modelo económico con pronósticos optimistas

El discurso de Milei estuvo dirigido a un auditorio empresarial internacional, ante el cual buscó presentar su programa como una alternativa capaz de estabilizar la economía y recuperar la confianza de los inversores. Al mismo tiempo, el Presidente vinculó sus expectativas económicas con el respaldo electoral y anticipó que el próximo año los argentinos validarían su modelo en las urnas.

Ante empresarios en Estados Unidos, el Presidente aseguró que “no hay problema de empleo”, reivindicó el ajuste fiscal y sostuvo que la inflación está bajo control. Sin embargo, sus afirmaciones contrastan con los indicadores económicos y sociales que requieren un análisis más amplio.

El presidente Javier Milei defendió las políticas económicas de su Gobierno durante un discurso ante empresarios en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, donde presentó el denominado “caso argentino” como un ejemplo de transformación económica.

En ese marco, aseguró que “no hay problema de empleo”, afirmó que la inflación está siendo controlada y anticipó que el riesgo país caerá por debajo de los 100 puntos durante el próximo año. También expresó su confianza en que la ciudadanía respaldará la continuidad de su programa económico en las urnas.

Las declaraciones se produjeron durante la segunda jornada de actividades del mandatario en territorio estadounidense. Un día antes, Milei había participado de la Gala Hispánica, donde cuestionó al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y manifestó su respaldo a Flávio Bolsonaro, en el contexto de la disputa electoral en Brasil.

Durante su exposición, Milei sostuvo que, al asumir la Presidencia, la Argentina se encontraba al borde de una crisis de dimensiones extraordinarias. En su diagnóstico, el país tenía condiciones para desembocar en una hiperinflación y avanzar hacia un escenario similar al de Cuba o Venezuela.

El mandatario afirmó que la prioridad de su administración fue estabilizar la economía y recordó que la inflación minorista cerró 2023 en torno al 211% anual, mientras que la mayorista se aproximó al 300%. Según su relato, al llegar al Gobierno la suba de precios avanzaba a un ritmo diario del 1,5%.

En ese contexto, reivindicó el ajuste fiscal aplicado durante los primeros meses de gestión y aseguró que permitió reducir drásticamente los desequilibrios de las cuentas públicas sin recurrir a expropiaciones. Sobre esa base, sostuvo que la inflación se encuentra en una trayectoria descendente y resumió su evaluación con una frase: “Estamos domando la inflación”.

Sin embargo, el diagnóstico presidencial requiere distinguir entre la desaceleración de los precios y la recuperación efectiva del poder adquisitivo. Una inflación menor no significa que los precios hayan bajado ni garantiza, por sí sola, una mejora en los ingresos de los hogares. Además, la evolución de los últimos registros debe analizarse para determinar si la desinflación se consolida o enfrenta nuevas dificultades.

Empleo: la afirmación más controvertida

La frase “no hay problema de empleo” plantea uno de los principales interrogantes del discurso. El mercado laboral no puede evaluarse únicamente a partir de la cantidad de personas ocupadas: también deben considerarse la calidad de los puestos de trabajo, los salarios reales, la informalidad, las horas trabajadas y la capacidad de los nuevos empleos para garantizar ingresos suficientes.

En una economía atravesada por un fuerte ajuste del gasto público y una transformación de la actividad productiva, resulta necesario examinar qué sectores generan puestos de trabajo, cuáles los pierden y cómo evoluciona el empleo privado registrado. También es fundamental observar la situación de quienes deben recurrir a ocupaciones informales o múltiples actividades para sostener sus ingresos.

Por eso, la afirmación del Presidente no constituye, por sí misma, una demostración de que el mercado laboral no atraviesa dificultades. Para sostener ese diagnóstico se necesitan datos actualizados y comparables sobre empleo, desocupación, participación laboral, salarios e informalidad.

Milei también se refirió al riesgo país, indicador elaborado por JP Morgan que mide el diferencial de rendimiento de la deuda soberana argentina respecto de los bonos de referencia estadounidenses. Según el texto, el índice volvió a superar los 600 puntos durante la jornada mencionada.

Frente a ese escenario, el Presidente argumentó que el riesgo país de su administración debería ubicarse por debajo de los 100 puntos y atribuyó la distancia respecto de ese objetivo al proceso de transición entre el modelo económico anterior y el que impulsa su Gobierno.

La explicación, no obstante, no elimina el desafío financiero. La evolución del indicador depende, entre otros factores, de la capacidad de pago del Estado, las perspectivas fiscales, la disponibilidad de divisas y la confianza de los inversores en la sostenibilidad del programa económico.

La previsión de llevarlo por debajo de los 100 puntos durante el próximo año es, por ahora, una expectativa política y financiera, no un resultado garantizado. Su cumplimiento dependerá de que las mejoras anunciadas se traduzcan en condiciones concretas de estabilidad y acceso al financiamiento.

La pobreza y el desafío de transformar los indicadores en bienestar

En otro tramo de su discurso, Milei aseguró que la pobreza pasó del 57% al 32% y presentó esa variación como uno de los principales logros de su gestión. Según el mandatario, su Gobierno consiguió sacar de la pobreza a una cuarta parte de la población.

La afirmación requiere precisar los períodos, las fuentes y la metodología utilizados para comparar ambos porcentajes. Las mediciones de pobreza dependen de los ingresos de los hogares, la evolución de la canasta básica y el período estadístico considerado. Por eso, no corresponde equiparar automáticamente estimaciones de momentos diferentes sin verificar su comparabilidad.

Asimismo, una eventual reducción de la pobreza debe analizarse junto con la evolución de los salarios, las jubilaciones, el costo de los servicios públicos y la capacidad de consumo de las familias. Los indicadores agregados son relevantes, pero no alcanzan por sí solos para describir la situación de todos los sectores sociales.

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