22 de abril de 2026

Javier Milei insiste en que “el rumbo es correcto” mientras crece la crisis y la dependencia externa

En un contexto de crisis profunda, el discurso de Milei insiste en transmitir que “lo peor ya pasó”, aunque la vida cotidiana de los argentinos continúa marcada por la inflación, la caída del consumo y el desempleo. La insistencia en que el “rumbo es correcto” abre la pregunta central: ¿se trata de un camino hacia la recuperación o de un sendero que agrava la desigualdad y el sometimiento a intereses externos?

El presidente Javier Milei volvió a defender su plan económico en medio de un escenario de recesión, inflación persistente y creciente malestar social. En una entrevista televisiva con LN+, aseguró: “Todavía falta, pero vamos en el camino correcto”, atribuyendo el costo del ajuste a “todos los argentinos”.

El mandatario retomó su exposición pública de cara a las elecciones legislativas del 26 de octubre, tras la renuncia de José Luis Espert como candidato de La Libertad Avanza. Según Milei, el gesto de Espert fue de “grandeza” y destacó la incorporación de Diego Santilli como refuerzo electoral.

Más allá de los movimientos políticos, Milei buscó mostrar fortaleza en su gestión y reiteró su apuesta a una reforma laboral orientada a flexibilizar las condiciones de contratación. Bajo la consigna de terminar con la “industria de los juicios laborales”, el Presidente vuelve a plantear un modelo que prioriza el disciplinamiento de la fuerza de trabajo por sobre la protección de derechos adquiridos.

En el plano político, no dudó en atacar a la oposición, calificando al peronismo como “neandertal” y “máquina de impedir”. Estas descalificaciones, que forman parte de su estilo confrontativo, refuerzan la idea de un gobierno que encuentra en el conflicto su principal estrategia de supervivencia.

Por otro lado, Milei celebró el respaldo de sectores financieros de Estados Unidos y adelantó convenios con el Tesoro norteamericano, al tiempo que subrayó el trato preferencial recibido en su visita al país. Sin embargo, el entusiasmo presidencial contrasta con una realidad en la que los acuerdos con potencias extranjeras pueden profundizar la dependencia y condicionar la soberanía económica.

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