La inflación duplica los aumentos de los salarios formales y profundiza la pérdida de poder adquisitivo
Tanto informes oficiales como estudios académicos coinciden en que los ingresos reales de los trabajadores registrados continúan en caída, en un contexto de fuerte restricción en la política salarial.

La dinámica salarial en la economía formal muestra un deterioro sostenido en lo que va de 2026, con una brecha cada vez más marcada entre los incrementos de las paritarias y la evolución de la inflación.
De acuerdo con relevamientos del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo de la UNSAM y reportes internos del Gobierno, los acuerdos salariales del sector privado quedaron sistemáticamente por debajo del índice de precios medido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos.
Mientras la inflación acumulada del primer trimestre alcanzó el 9,5%, las principales paritarias apenas promediaron un 4,9%, profundizando una pérdida del poder de compra que ya se arrastra desde el año anterior.
El fenómeno se explica, en parte, por la decisión del Luis Caputo de mantener un esquema de homologaciones salariales con un techo cercano al 2% mensual, muy por debajo de la dinámica inflacionaria. Esta política, según distintas interpretaciones técnicas, funciona como un ancla nominal pero amplifica la pérdida real de ingresos en los sectores registrados.
Un informe de la Secretaría de Trabajo de Argentina reconoce que la mayoría de los convenios colectivos registraron caídas reales, con pocos sectores logrando empatar la inflación y una pérdida interanual estimada en torno al 5%. La heterogeneidad es marcada: mientras algunos gremios vinculados a actividades específicas logran recomposiciones, ramas de fuerte peso en el empleo como comercio, industria alimentaria, metalurgia y textil exhiben retrocesos significativos.
En paralelo, el propio Gobierno argumenta que las paritarias ya no reflejan plenamente el ingreso efectivo, debido a la creciente incidencia de bonos, adicionales y compensaciones no incorporadas en los acuerdos formales. Sin embargo, este enfoque convive con una política de contención salarial que obliga a renegociaciones fragmentadas y refuerza la dispersión de los ingresos.
El impacto no se limita a los salarios. Estudios privados advierten que el peso de los servicios básicos sobre el ingreso disponible pasó del 31% al 40% en menos de dos años, reduciendo aún más la capacidad de consumo de los hogares.
A esto se suma el efecto del mercado laboral: desde fines de 2023 se contabilizan más de 260.000 despidos entre el sector público y privado, mientras crece el trabajo independiente de menor ingreso relativo. En conjunto, este proceso no solo reduce la masa salarial total, sino que redefine la estructura del empleo, con más trabajadores fuera del sistema formal y menores niveles de ingreso agregado.
El resultado es un escenario donde la desaceleración nominal de los salarios convive con una pérdida sostenida del poder adquisitivo, en un contexto de ajuste macroeconómico que aún no logra estabilizar la relación entre precios, ingresos y empleo.
