28 de abril de 2026

Javier Milei acusó de “chorros” a empresarios industriales en medio de la crisis del sector

La incógnita es si esta estrategia logrará traducirse en una baja sostenida de precios sin profundizar la conflictividad laboral y la retracción industrial. Entre la promesa de competencia y el riesgo de desindustrialización, el Gobierno apuesta a que el mercado discipline lo que, a su juicio, fue durante años un sistema de privilegios.

El presidente Javier Milei profundizó su confrontación con parte del empresariado argentino al calificar de “chorros” a industriales que, según sostuvo, se ampararon en el proteccionismo para obtener rentabilidades extraordinarias a costa de los consumidores.

Lo hizo a través de la red social X, donde celebró publicaciones que denunciaban sobreprecios y márgenes “inauditos” en distintos sectores.

En sus mensajes, el mandatario apuntó con apodos despectivos contra referentes como Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, y Javier Madanes Quintanilla, titular de Fate. La estrategia discursiva no es nueva, pero sí más directa: Milei asocia a ciertos grupos industriales con la “vieja política” y los responsabiliza por distorsiones de precios derivadas de años de protección arancelaria y restricciones a la competencia.

El eje del planteo oficial se apoya en declaraciones públicas de empresarios que admitieron márgenes elevados en contextos de mercado cerrado. En el caso de los neumáticos, el CEO de Neumen reconoció que las empresas obtuvieron ganancias extraordinarias bajo el esquema previo. Para el Gobierno, estos dichos funcionan como evidencia de que la apertura económica es necesaria para disciplinar precios y desarticular posiciones dominantes.

Sin embargo, el discurso presidencial emerge en un contexto social delicado. La planta de Fate en Virreyes anunció el despido de 920 trabajadores, lo que derivó en la intervención del Ministerio de Trabajo con una conciliación obligatoria por 15 días bajo la Ley 14.786. La medida ordena retrotraer las cesantías y suspender acciones gremiales mientras se negocia una salida al conflicto.

La tensión expone una contradicción estructural: mientras el Ejecutivo promueve la apertura comercial como herramienta para abaratar precios y eliminar “rentas extraordinarias”, sectores industriales advierten sobre pérdida de competitividad y empleo en un escenario de mayor competencia externa.

El cruce también se inscribe en una línea discursiva más amplia del oficialismo. Semanas atrás, el ministro de Economía, Luis Caputo, había calificado como un “robo” los precios de la indumentaria local, reforzando la idea de que ciertos sectores aprovecharon el cierre del mercado para consolidar márgenes elevados.

Desde una perspectiva política, el señalamiento público y personalizado a empresarios marca un giro en la relación tradicional entre gobiernos y grandes grupos económicos en Argentina. Milei no solo cuestiona el modelo de sustitución de importaciones sino que confronta abiertamente con actores históricamente influyentes.

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