Israel asesina a uno de los últimos cardiólogos de Gaza y profundiza el colapso del sistema sanitario
El asesinato de Marwan al-Sultan, uno de los dos cardiólogos que aún quedaban en la Franja de Gaza, expone de manera brutal el grado de destrucción que la ofensiva israelí ha infligido sobre el sistema de salud palestino.

Al-Sultan, además director del Hospital Indonesio —uno de los últimos centros en funcionamiento—, murió junto a su familia tras un bombardeo israelí que alcanzó su vivienda. Su muerte no es un hecho aislado: desde el inicio de los ataques ya suman 1.400 los médicos asesinados en Gaza, según reportes de organismos humanitarios.
El impacto sanitario y social de este crimen es incalculable. “Era un erudito destacado y uno de los dos cardiólogos que quedaban en Gaza. Miles de pacientes cardíacos sufrirán las consecuencias de su muerte. Su único defecto fue ser médico”, lamentó Mohammed Abu Selmia, director del hospital al-Shifa. La Healthcare Workers Watch (HWW) denunció que en los últimos 50 días Israel mató a 70 médicos, reflejo de lo que califican como una “persecución atroz y sistemática contra el personal sanitario”.
Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, también advirtió que la política israelí configura una “economía del genocidio”, en la que no solo se destruye la infraestructura, sino también se ataca deliberadamente a quienes sostienen la salud y la vida en condiciones extremas.
Mientras tanto, el Ministerio de Salud palestino, bajo administración de Hamás, denunció el asesinato como “un crimen atroz” y lo describió como un golpe mortal a los recursos humanos que con enorme esfuerzo seguían intentando salvar vidas en medio de la devastación.
La muerte de Al-Sultan es la muestra más cruda de cómo el asedio israelí arrasa no solo con edificios, sino también con la posibilidad misma de futuro. Gaza pierde a uno de sus últimos cardiólogos, y con él se esfuma la chance de atención para miles de pacientes con dolencias cardíacas que, en un territorio arrasado y bloqueado, quedarán expuestos a un destino incierto y, en muchos casos, letal.
Este ataque no puede leerse como un daño colateral. Se inscribe en un patrón sistemático de eliminación de personal sanitario, lo que en términos del derecho internacional podría constituir crímenes de guerra. La comunidad internacional, hasta ahora limitada a comunicados de repudio, se enfrenta al desafío de frenar una estrategia militar que, al aniquilar a médicos y hospitales, apunta a destruir la estructura mínima de la vida civil palestina.
La eliminación de Marwan al-Sultan es más que el asesinato de un profesional valioso: es la ejecución de la última esperanza de un sistema de salud ya en ruinas.
