4 de mayo de 2026

Salarios planchados, empleo en retroceso: la contracara de la desaceleración inflacionaria

La desaceleración de la inflación, que en mayo se redujo al 1,5% según el dato oficial, no logra traducirse en una mejora real para los bolsillos de la población. Pese al alivio en los precios, los salarios registrados permanecen estancados, víctimas de la rígida pauta salarial impuesta por el Gobierno nacional, que fija topes de aumento de apenas 1% a 1,5% en las paritarias.

El resultado es una licuación persistente del poder adquisitivo. Según el último informe de C-P Consultores, los ingresos formales no logran salir del pozo que cavaron en marzo, cuando los salarios privados se desplomaron un 2,6% en términos reales, retrocediendo a niveles previos a la devaluación de fines de 2023.

El informe advierte que, aunque algunos gremios consiguieron mejoras vía sumas fijas no remunerativas, estas resultan parches de corto alcance que no consolidan una recuperación sostenida.

En el sector público la situación no es mucho mejor. Aunque la caída real en marzo fue más moderada, apenas un 0,4%, los salarios siguen un 15% por debajo de la marca previa a la crisis. Este deterioro, que golpea especialmente a quienes dependen del empleo formal, configura un escenario de estancamiento que deja poco margen para el optimismo de cara al segundo semestre.

Peor aún, el mercado de trabajo no aporta señales de alivio. En marzo, el empleo registrado sufrió una contracción interanual del 3,4%, a pesar de que la comparación partía de un nivel ya deprimido. El sector privado perdió 7.000 puestos, con la industria encabezando la destrucción de empleo al recortar 4.000 trabajadores. Desde agosto de 2023, la sangría suma 155.000 puestos formales menos, reflejando la imposibilidad del modelo económico vigente de revertir la destrucción laboral, incluso con cierta reactivación sectorial.

La calidad del empleo también se erosiona. C-P Consultores subraya el aumento de la informalidad y el crecimiento de trabajos independientes precarios, mientras el empleo asalariado formal retrocede. Este fenómeno, lejos de ser coyuntural, se consolida como un rasgo estructural del esquema económico actual, profundizando la vulnerabilidad social.

Con la tasa de desempleo marcando 7,9% en el primer trimestre de 2025 —el nivel más alto desde el inicio del mandato de Javier Milei—, la combinación de salarios estancados, mayor informalidad y caída del empleo registrado anticipa meses difíciles para los hogares. La desaceleración inflacionaria, celebrada por la administración nacional, se convierte en un dato insuficiente para recomponer el bienestar social si no se acompaña de políticas que reactiven los ingresos y fortalezcan la calidad del trabajo.

El costo de mantener una estrategia de contención salarial y precarización del mercado laboral podría pagarse caro en términos de cohesión social y estabilidad económica. La recuperación, por ahora, sigue sin aparecer.

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