14 de junio de 2026

Interna libertaria: los biógrafos de Milei y Lemoine lanzan una feroz ofensiva contra Villarruel

La interna del oficialismo sumó un nuevo capítulo cargado de tensión, agresiones personales y fuertes mensajes públicos.

En el centro del conflicto, se ubica la vicepresidenta Victoria Villarruel, blanco de una andanada de ataques por parte de los biógrafos de Javier Milei, Marcelo Duclós y Nicolás Márquez, a quienes se sumó la diputada oficialista Lilia Lemoine, profundizando una fractura que ya dejó señales públicas, como el reciente desplante del presidente a su compañera de fórmula en el Tedeum del 25 de mayo.

Lo que comenzó como un mensaje de Villarruel en redes sociales criticando a “la casta” y a los “periodistas ensobrados” derivó en una escalada donde el debate ideológico se diluyó para dar lugar a la descalificación personal y la burla, en una muestra del deterioro del discurso político dentro del propio oficialismo.

Nacionalismo, ataques físicos y chicanas

Villarruel había lanzado una crítica directa a Javier García Negre, periodista español cercano al entorno de Milei, acusándolo de operar en su contra y de representar una actitud “cipaya” por denigrar a una figura política argentina desde el extranjero. Lejos de respaldarla, Márquez —conocido por su fanatismo libertario— desestimó su planteo con una argumentación que rozó el delirio ideológico: equiparó el nacionalismo con el socialismo y acusó a la vicepresidenta de esconderse “detrás de la bandera” para cubrir su imagen pública.

Pero no todo fue teoría política: Márquez derrapó hacia el ataque físico, sugiriendo burlonamente que Villarruel necesitaría “una carpa de circo” como pareo. Lemoine, por su parte, se subió al tren de la agresión con un mensaje irónico y acusaciones veladas contra otras mujeres del espacio, como la diputada Marcela Pagano, a quien también apuntó sin pruebas claras, profundizando un cruce más propio de redes sociales que de un partido que aspira a consolidar un proyecto de gobierno.

El hecho no es aislado: se inscribe dentro de un proceso de aislamiento de Villarruel por parte de Javier Milei, que culminó simbólicamente cuando la ignoró en el Tedeum. Consultado al respecto, el mandatario respondió con una sentencia lapidaria: “Roma no paga traidores”, reforzando la idea de una ruptura interna con su vice, a la que considera poco alineada con el núcleo duro libertario.

Este escenario pone en evidencia las dificultades del Gobierno para consolidar una identidad política cohesionada. Las diferencias de fondo, sumadas a los egos personales y a la exposición mediática de rencillas internas, minan la credibilidad y la estabilidad institucional de La Libertad Avanza.

¿Quién capitaliza el conflicto?

En medio de la guerra intestina, Villarruel parece replegarse, apostando a un perfil más institucional. Sin embargo, no ha logrado articular una narrativa clara que le permita defenderse sin recurrir al victimismo o a generalizaciones vacías.

Por su parte, figuras como Márquez y Lemoine, sin cargo institucional relevante, capitalizan el ruido y el escándalo como forma de mantenerse vigentes dentro del microclima libertario, aunque a costa de contribuir a una imagen cada vez más errática y confrontativa del oficialismo.

El nuevo round dentro del oficialismo no es una simple diferencia de opiniones: expone el vaciamiento de un proyecto político carente de cohesión interna, de estrategia de poder y de respeto por las formas democráticas. Cuando las diferencias se dirimen con memes, chicanas y burlas personales, queda claro que el relato de la «nueva política» termina reproduciendo las peores prácticas de la vieja. Con una vicepresidencia debilitada, un presidente que cultiva enemigos internos y un séquito que se dedica más al ataque que a la gestión, La Libertad Avanza sigue avanzando… hacia la fragmentación.

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