24 de mayo de 2026

Insfrán reafirma su hegemonía en Formosa y se asegura el control de la reforma constitucional

Una vez más, el peronismo formoseño demostró su fuerza electoral casi inquebrantable. Con el 65% de las actas escrutadas, la lista oficialista encabezada por el Partido Justicialista se imponía con un contundente 67,27% de los votos, relegando al segundo lugar a la Confederación Frente Amplio Formoseño (21,50%) y dejando muy atrás a La Libertad Avanza (10,30%).

El escenario confirma el histórico predominio político del gobernador Gildo Insfrán, que desde hace décadas mantiene una estructura de poder extremadamente sólida y, para muchos, casi inexpugnable. Este resultado no solo reafirma el control del oficialismo sobre la Cámara de Diputados, sino que también le otorga las llaves para conducir la reforma de la Constitución provincial a través de los 30 convencionales constituyentes elegidos.

Se trata de un dato central: con este nivel de apoyo, el PJ formoseño queda en condiciones de delinear modificaciones institucionales sin mayores contrapesos, profundizando un modelo de poder personalista que ha sido reiteradamente cuestionado por sectores de la oposición y organismos de derechos humanos.

La elección se desarrolló con normalidad, según destacó la jueza electoral Sandra Moreno, y logró una participación superior al 60% del padrón, que incluía a unos 488.000 ciudadanos habilitados. Sin embargo, la persistente supremacía del oficialismo vuelve a encender alarmas sobre la competencia real en el distrito, donde la alternancia política ha sido prácticamente inexistente durante las últimas décadas.

El avance del Partido Justicialista en la reforma constitucional abre interrogantes sobre posibles cambios de fondo en las reglas de juego políticas de Formosa. Insfrán, que ya gobierna la provincia desde 1995, podrá reforzar su proyecto político con amplísimo margen, y difícilmente la oposición logre influir en la letra chica de la futura Constitución.

La situación formoseña es una postal de un fenómeno extendido en algunas provincias argentinas: estructuras políticas ancladas en liderazgos de larguísima duración, legitimadas en las urnas, pero cuestionadas por la debilidad de los controles institucionales.

En ese contexto, la victoria del oficialismo no sorprende, pero consolida un esquema de poder que parece inamovible. La gran incógnita es si la reforma constitucional servirá para modernizar la provincia o si, en cambio, fortalecerá aún más un sistema donde la alternancia y la pluralidad resultan casi anecdóticas.

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