Informe de la UBA: al menos 294 mil empleos formales perdidos en dos años
La combinación de pérdida de puestos, deterioro salarial y estancamiento del poder adquisitivo evidencia que la recuperación económica no se traduce en empleo ni en condiciones dignas de trabajo, y que el mercado formal continúa siendo vulnerable ante la inflación y la rigidez estructural del sistema productivo argentino.

El mercado laboral formal en la Argentina atraviesa una fase crítica: según el informe “Panorama del empleo asalariado formal y de las remuneraciones” elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (Edil) del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires, a fines de noviembre de 2025 se habían perdido 23.400 empleos, acumulando siete meses consecutivos de retroceso.
La caída afecta por igual al sector público y privado, con 13.000 y 13.100 puestos menos respectivamente en noviembre, y se concentra en industrias claves como comercio e industria, donde se registraron descensos de 4.900 empleos en cada caso, mientras que servicios inmobiliarios redujeron su personal en 2.600 trabajadores. En términos interanuales, la pérdida asciende a 111.000 puestos respecto de noviembre de 2024, y alcanza 294.000 comparado con noviembre de 2023, situando la cantidad de asalariados formales en niveles similares a los de mediados de 2022.
El deterioro laboral se combina con una caída sostenida del salario real. En enero de 2026, el poder adquisitivo del Salario Mínimo, Vital y Móvil descendió 1 % mensual, mientras que en diciembre de 2025 el salario promedio real retrocedió 0,3 % en el sector privado y 1,8 % en el público, sumando una secuencia de retrocesos mensuales que reflejan la incapacidad del ingreso formal para mantener el ritmo de la inflación. La brecha se profundizó especialmente en septiembre y octubre de 2025, cuando el salario mínimo permaneció congelado en $322.200.
El informe de la UBA evidencia una trayectoria descendente sostenida: tras un período de caída entre septiembre de 2023 y agosto de 2024, y un estancamiento hasta abril de 2025, el empleo formal muestra un patrón de pérdida sistemática que se extiende hasta noviembre, reflejando la fragilidad estructural del mercado laboral.
El escenario se agrava en un contexto de discusión sobre reforma laboral: mientras los salarios pierden capacidad de compra y las bajas afectan tanto a trabajadores privados como públicos, la estructura de empleo formal muestra una tendencia a la retracción que plantea dudas sobre la efectividad de las políticas de protección laboral y la capacidad del Estado para sostener la estabilidad del empleo asalariado en el mediano plazo.
