10 de mayo de 2026

Industriales del norte alertan por una crisis “sin piso” y advierten que «lo peor aún no llegó»

Este coro de pesimismo, articulado por los titulares de las Uniones Industriales (UIA) provinciales, no es solo un llamado de atención por la recesión, sino una dura crítica a la inacción y la presunta falta de un plan económico coherente del Gobierno nacional.

Ph: Archivo

La cúpula industrial del Norte Grande argentino ha lanzado una severa advertencia sobre el estado de la economía regional, coincidiendo en un diagnóstico demoledor: la crisis que atraviesa Chaco, Salta y La Rioja es «súper crítica», se agudiza sin perspectivas de «rebote» y, según el alarmante pronóstico de La Rioja, «lo peor aún no llegó».

La voz del empresariado del Norte desnuda las falencias estructurales y coyunturales que ahogan a las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs). La caída del consumo es el eje central de la crisis, como lo sintetiza el chaqueño Aldo Kastón: «Cada vez hay menos clientes y los que quedan compran menos». Esta retracción de la demanda se combina con la «asfixia» impositiva y una competencia desleal con importaciones a «precios imposibles», pulverizando el mercado interno que da sustento a la industria local.

El análisis crítico se profundiza en la falta de políticas de fomento productivo y el abandono de la infraestructura. El salteño Eduardo Gómez Naar señala contundencia que, a pesar del potencial en minería y agricultura de su provincia, la ausencia de crédito, la paralización de la obra pública y el lamentable estado de las rutas se convierten a la logística en un obstáculo infranqueable. «Nuestra provincia es rica, pero no se capitaliza» , denuncia Gómez Naar, evidenciando que la crisis actual no es solo cíclica, sino un reflejo de un modelo de desarrollo que ignora las necesidades de las economías regionales.

La advertencia más sombría proviene de La Rioja. Juan Carlos Serrano no solo describe una «pérdida progresiva de puestos de trabajo, constante y silenciosa», sino que critica un «modelo económico excluyente» que el Gobierno «redobló su apuesta» sin intenciones de rectificación. El drama del desempleo se articula en un goteo constante —tres o cuatro despidos por semana— que erosiona la masa de trabajadores sin generar la alarma de un cierre masivo, pero con un impacto acumulativo devastador.

El escepticismo de las bases industriales del Norte ante las gestiones de la UIA nacional y su «Decálogo» es palpable. El sector no ve señales claras de mejora ni un plan estratégico para el crecimiento, lo que los deja a merced de proyecciones que anticipan una recesión aún más profunda tras las elecciones. La conclusión de los industriales es lapidaria: la falta de una política productiva federal está llevando a la industria nacional a enfrentar «tiempos aún más duros» en un país que, paradójicamente, sigue siendo rico.

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