18 de julio de 2026

“Fuerza Patria”: el peronismo bonaerense alcanza una unidad frente al avance libertario

Apremiado por el calendario electoral y el avance sostenido del oficialismo libertario en las encuestas, el peronismo bonaerense selló este miércoles un acuerdo de unidad bajo el nombre “Fuerza Patria”, con el objetivo de competir en las elecciones legislativas del próximo 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires.

La imagen de cohesión, sin embargo, contrasta con un proceso interno atravesado por tensiones no resueltas, desconfianzas y disputas soterradas que podrían dinamitar el entendimiento antes del cierre de listas del 19 de julio.

El acuerdo reúne a los tres vértices principales del peronismo bonaerense: Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa, acompañados por sus respectivos espacios —La Cámpora, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el Frente Renovador— y otras agrupaciones menores. La firma fue el resultado de negociaciones iniciadas meses atrás, pero también de una necesidad política urgente: evitar la dispersión opositora frente al capital político que Javier Milei está construyendo, incluso en el populoso conurbano bonaerense, bastión histórico del PJ.

La foto de unidad, sin embargo, es solo eso: una foto. Las tensiones estructurales persisten. El enfrentamiento por el desdoblamiento electoral —impulsado por Kicillof y resistido por el kirchnerismo más ortodoxo— dejó heridas abiertas. El kirchnerismo no olvida haber perdido esa pulseada estratégica, y el resentimiento por ese revés se traduce en una desconfianza que complica cualquier construcción conjunta duradera.

A esto se suma un cambio de tablero que alteró el equilibrio interno: la condena judicial contra Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, con prisión domiciliaria e inhabilitación política, debilitó su centralidad como figura aglutinadora y desplazó el eje de poder hacia la sociedad Kirchner-Massa. Kicillof, que venía consolidando su perfil autónomo con un sello propio, quedó desacomodado por ese fallo, aunque mantiene —según su entorno— el control de la “lapicera” en el armado provincial.

En este contexto de fragilidad, el armado de listas asoma como la prueba definitiva. El tramo municipal será el más conflictivo, donde las disputas entre intendentes, agrupaciones locales y referentes provinciales tienden a agudizarse.

La implementación de “apoderados cruzados” y la amenaza de una “segunda escudería” por parte del MDF revelan el nivel de tensión que aún atraviesa la alianza. El riesgo de ruptura no es menor: cualquier sector que sienta que se queda afuera podría fracturar el frente antes incluso de que arranque la campaña.

El acuerdo, en definitiva, es una tregua electoral más que una síntesis política. Lo une el espanto —el temor al crecimiento libertario— más que un proyecto compartido. “Hay que ser generosos y garantizar el respeto de las minorías”, dicen desde adentro. Pero la experiencia indica que en el peronismo bonaerense, las mayorías suelen imponer las reglas del juego.

El desafío será lograr una alquimia que deje conformes a todos en un clima donde los egos, las heridas y las urgencias chocan sin cesar. Si “Fuerza Patria” logra resistir la tensión interna hasta septiembre, podría transformarse en una plataforma competitiva. Si fracasa en el cierre de listas, será otra muestra de que la unidad peronista —tan invocada como escurridiza— sigue siendo una promesa incumplida.

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