25 de julio de 2026

Exiliados cubanos reclaman a Trump una solución distinta a la que se aplicó en Venezuela

El endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba, impulsado por la Administración Trump tras la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, reabrió un debate esencial entre los cubanos dentro y fuera de la isla: cómo lograr un cambio político genuino sin perjudicar al pueblo cubano.

Ph: The Associated Press

Mientras el mandatario estadounidense afirma que Washington ha comenzado a dialogar con Cuba y al mismo tiempo reduce el suministro de petróleo, representantes del exilio insisten en que la presión es necesaria, pero sin dañar a la población.

«Solicitamos un aislamiento del régimen, pero sin que la gente sufra. Es un dilema complicado», afirma Carlos Payá, representante del Movimiento Cristiano Liberación y hermano del activista Oswaldo Payá, fallecido en 2012. «Porque el régimen, en su soberbia, podría impedir la llegada de ayuda humanitaria».

Trump ha intensificado su discurso en las últimas semanas, convencido de que el bloqueo energético, tras suspender los envíos desde Venezuela y amenazar con aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, obligará al gobierno a negociar. «No tiene que ser una crisis humanitaria. Creo que probablemente buscarán acercarse a nosotros y llegar a un acuerdo», afirmó el presidente la semana pasada, añadiendo que «Cuba volverá a ser libre».

Desde La Habana, el gobierno niega tener una mesa de diálogo formal con Washington, aunque el presidente Miguel Díaz-Canel ha reconocido que Cuba «está abierta al diálogo» con Estados Unidos, siempre que no existan presiones ni condiciones previas.

En medio de esta tensión, la comunidad cubana en el exterior observa con atención los movimientos de la Casa Blanca, pero con cautela. Payá opina que el problema cubano no puede resolverse desde fuera ni convertirse en una extensión de la política estadounidense. «Ni Cuba ni su solución dependen de lo que haga fuera; hay que ‘desamericanizar’ el problema cubano», señala.

Residiendo en España desde hace cuatro décadas, Payá comenta que Cuba atraviesa uno de sus momentos más delicados tras perder el respaldo energético de sus principales aliados. «Es algo inédito, Cuba ha perdido su tabla de salvación», afirma.

Uno de los temores compartidos por muchos en el exilio es que la presión económica termine afectando desproporcionadamente a la población. «Las soluciones deben ser siempre pacíficas», enfatiza Payá, y pide que el foco esté en los derechos humanos.

«En todo esto no he escuchado hablar de derechos humanos ni de amnistía», lamenta Payá. «Pero lo que realmente necesita el pueblo cubano es que se libere a los presos políticos injustamente encarcelados».

Desde una postura más contundente, Orlando Gutiérrez Boronat, líder del Directorio Democrático Cubano, sostiene que Cuba requiere una estrategia distinta a la de Venezuela. «El modelo venezolano no funciona para Cuba. Allí, el régimen es autoritario, pero en Cuba es un régimen totalitario consolidado», explica.

Gutiérrez Boronat, que se estableció en Estados Unidos en 1971 y es licenciado en Ciencias Políticas y Comunicaciones, respalda firmemente la intensificación de la presión estadounidense y destaca la «coherencia» del actual gobierno en comparación con administraciones pasadas, ya sean demócratas o republicanas.

«Nunca antes un gobierno estadounidense había ejercido tanta presión sobre Cuba. Esta es la forma de desmantelar la estructura del régimen», afirma. Para él, el problema principal no son las sanciones ni el petróleo, sino el propio régimen, que ha destruido la economía y la infraestructura del país para mantener su poder.

Para la diáspora cubana, cualquier transición debe implicar un cambio radical respecto al sistema actual, a diferencia de lo que ocurrió en Venezuela, donde Washington mostró disposición a aceptar la continuidad del chavismo con la actual presidenta interina, Delcy Rodríguez.

«Garantizar una transición sin que los mismos en el poder permanezcan en sus cargos no es aceptable», destaca Gutiérrez Boronat, quien exige un plan político concreto: liberar a todos los presos políticos, legalizar la sociedad civil, los partidos y sindicatos, y establecer un cronograma para elecciones libres.

A pesar de las diferencias en enfoques, coinciden en rechazar una intervención militar directa. Ni Payá ni Gutiérrez Boronat consideran la ocupación o una guerra abierta como soluciones viables.

La experiencia venezolana funciona como advertencia, aceptando que se puede ejercer máxima presión y detener a dirigentes, pero rechazando modelos de tutelaje externo que puedan derivar en violencia. «Apoyamos una acción internacional solidaria para un pueblo desarmado que lucha contra el comunismo», afirma Gutiérrez Boronat.

Mientras tanto, la isla enfrenta una crisis profunda con apagones, escasez de combustible que ya ha cancelado vuelos y un éxodo constante. Trump ha calificado a Cuba como un país «en quiebra» y ha advertido que debería negociar antes de que sea demasiado tarde. Rusia y México han prometido apoyo político y ayuda humanitaria, sin detallar aún su alcance.

Para el exilio, el momento es crucial. «Cuba está tan destruida que cualquier solución que no implique cambios profundos no servirá», resume Payá. Gutiérrez Boronat coincide en que el camino no debe ser el mismo que el adoptado en Venezuela: «Cuba no es Venezuela, por eso la receta debe ser diferente».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *