Europa en riesgo de recesión debido a la escalada del conflicto en Oriente Medio y su impacto económico
Aunque los datos aún no muestran una recesión definitiva, la tendencia y el contexto internacional sugieren que Europa podría enfrentarse en los próximos meses a un escenario económico más delicado de lo esperado, condicionado por la escalada del conflicto en Oriente Medio y sus efectos en los mercados globales.

El conflicto en Oriente Medio, con la implicación de Irán, está comenzando a tener efectos económicos profundos en Europa, poniendo en duda las perspectivas de recuperación del bloque.
Los indicadores económicos adelantados del índice de gestores de compras (PMI), publicados el jueves por S&P Global, revelan una fuerte caída en la actividad empresarial de la eurozona durante abril.
El sector servicios, que se esperaba fuera el motor de crecimiento para 2025, sufrió su peor desempeño desde los confinamientos por la pandemia en 2020-2021. Los costos de los insumos alcanzaron niveles récord en más de tres años y la confianza de los empresarios cayó a su punto más bajo desde finales de 2022.
El PMI compuesto para la eurozona bajó en abril a 48,6 puntos desde 50,7 en marzo, indicando una contracción, ya que está por debajo del umbral de 50 que distingue crecimiento de recesión. En particular, el sector servicios cayó a 47,4, su peor registro desde principios de 2021, lo que refleja una desaceleración significativa. Según Chris Williamson, economista jefe de S&P Global, la guerra en Oriente Medio está generando problemas económicos adicionales, impulsando la inflación y afectando la actividad.
Por otro lado, la manufactura mostró una tendencia diferente, con un PMI que subió a 52,2, su nivel más alto en casi cuatro años. Sin embargo, esta aparente mejora es engañosa, ya que las empresas están acumulando pedidos de insumos ante posibles escaseces y aumentos de precios futuros, lo que indica una estrategia defensiva en lugar de un aumento en la demanda real. Además, los tiempos de entrega de proveedores se han prolongado, reflejando interrupciones en las cadenas de suministro vinculadas al conflicto.
Estos datos sugieren que la economía de la eurozona podría estar cerca de entrar en recesión, con una posible caída del PIB del 0,1% en el trimestre, después de un crecimiento inicial en los primeros meses del año. La inflación también se ha acelerado, con costos de insumos y precios al alza, lo que aumenta las preocupaciones sobre una posible estanflación.
El FMI ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento para Europa, estimando un crecimiento del 1,1% en 2026, frente al 1,4% previsto anteriormente, afectado por el conflicto y el encarecimiento de la energía, además de la apreciación del euro.
En el ámbito de la política monetaria, el Banco Central Europeo se encuentra en una posición difícil, enfrentado a la duda de si subir los tipos de interés para controlar la inflación o mantener la estabilidad económica y evitar una recesión más profunda. Mientras tanto, Goldman Sachs señala que esta crisis difiere de la de 2022 en varios aspectos, como menor impacto en los precios del petróleo y una menor afectación a la industria europea.
Por su parte, la Unión Europea cuenta con fondos sin gastar que podrían ser utilizados para mitigar el impacto económico, como los 80.000 millones de euros del Fondo de Recuperación aún sin desembolsar. La posibilidad de redirigir estos recursos hacia proyectos de modernización y energía podría ofrecer un alivio frente a la incertidumbre.
