18 de julio de 2026

Estafa $LIBRA: Transferencias millonarias, reuniones presidenciales y movimientos sospechosos antes del colapso del token

Un entramado de operaciones financieras sospechosas, vínculos con el presidente Javier Milei y transferencias millonarias a billeteras anónimas están en el centro del escándalo del memecoin $LIBRA.

El joven estadounidense Hayden Davis, de solo 28 años, figura como protagonista clave de un episodio que mezcla especulación cripto, marketing político y presuntas maniobras de vaciamiento antes del estallido de la moneda digital, ocurrida en febrero de este año.

Según una investigación del analista informático Fernando Molina, Davis transfirió u$s507.500 el 30 de enero, apenas 42 minutos después de que Milei publicara en X (ex Twitter) una selfie junto a él.

El mandatario presentó al joven como un asesor en tecnología blockchain e inteligencia artificial, destacando la importancia de sus ideas para el futuro del país. La publicación funcionó, en los hechos, como una validación institucional del personaje, que horas después comenzaría a mover sumas millonarias desde su cuenta en la plataforma Bitget.

La cronología de los movimientos es tan reveladora como inquietante. El 3 de febrero, Davis transfirió casi u$s2 millones a una billetera desconocida, seguida por otros tres movimientos: u$s500.000 y dos transacciones de u$s1.000.000 cada una. El 13 de febrero, apenas un día antes del lanzamiento de $LIBRA, transfirió u$s1.275.000 más a otra billetera anónima, esta vez desde Gate.io. El patrón muestra no solo una estrategia de dispersión de fondos, sino también una posible planificación para capitalizar el impacto mediático y político del lanzamiento del token.

El vínculo entre Davis y el presidente no es meramente anecdótico. La cercanía entre ambos, al igual que con Karina Milei, hermana y secretaria general de la Presidencia, reaviva los cuestionamientos sobre el uso del aparato estatal para amplificar y legitimar esquemas privados de alta volatilidad. Lejos de tratarse de una simple reunión protocolar, el encuentro con Davis pareció haber tenido un efecto catalizador para una operación de mercado que, días después, perjudicó a miles de pequeños inversores.

El episodio se oscurece aún más con los hechos ocurridos el 17 de febrero, cuando familiares de Mauricio Novelli —otro de los presentes en la reunión con Milei— habrían vaciado cajas de seguridad en el Banco Galicia. Esta maniobra, registrada el primer día hábil tras el colapso de $LIBRA, sugiere un intento deliberado de proteger activos ante la posible irrupción judicial o mediática. Aunque no hay aún imputaciones formales, los movimientos refuerzan las sospechas de una red de connivencias orientada a aprovechar información privilegiada y anticiparse al desplome del token.

La investigación se activó tras una maniobra de resarcimiento público: Davis reembolsó u$s5 millones al magnate David Portnoy, uno de los mayores perjudicados por el hundimiento del token. Esa acción expuso su billetera digital, permitiendo a Molina rastrear el origen, destino y cronología de las transferencias. Los datos revelados no solo confirman un flujo intenso y dirigido de dinero antes del lanzamiento, sino que exhiben una arquitectura de operaciones diseñada para operar en los márgenes de la trazabilidad pública.

El escándalo de $LIBRA no es solamente un caso más de especulación cripto. Es, en esencia, un episodio que pone en jaque la frontera entre lo público y lo privado, entre lo institucional y lo especulativo. Que un presidente en funciones promueva a un operador financiero sin credenciales conocidas, que se muevan millones de dólares antes y después de una reunión oficial, y que parte de su círculo íntimo aparezca vinculado a maniobras de ocultamiento patrimonial no puede tomarse como una simple anécdota.

Lo que está en juego no es solamente el futuro de una criptomoneda fallida, sino la credibilidad de un gobierno que hizo del “fin de la casta” su estandarte, mientras alimenta —desde el poder— operaciones oscuras con actores sin pasado, pero con billeteras abultadas y acceso directo al corazón de la Casa Rosada.

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