15 de mayo de 2026

Entre velas y promesas vacías: los trabajadores del Garrahan resisten frente al silencio del Estado

La pregunta ya no es solo si el Gobierno va a responder, sino cuánto más puede soportar un hospital que lo da todo, mientras quienes deberían cuidarlo, lo ignoran sistemáticamente.

Ph: Clarín

Médicos residentes, personal de planta, pacientes y familiares se unieron nuevamente en las puertas del Hospital Garrahan, símbolo de excelencia médica y hoy epicentro de una crisis que parece agravarse con cada día de silencio oficial.

La postal del reclamo es potente: en el suelo, fotografías de pacientes atendidos en el hospital resumen lo que está en juego. No se trata solo de salarios. Se trata de la dignidad de quienes sostienen un sistema que funciona, en gran parte, por vocación más que por retribución.

Este lunes a las 15.30, representantes de residentes del Garrahan participaron de una reunión con autoridades del Ministerio de Salud y del hospital. La oferta que surgió del encuentro fue un bono de $300.000, no remunerativo, ofrecido de manera informal. Una cifra que apenas intenta maquillar un conflicto estructural, que excluye a la planta permanente y que, en los hechos, no garantiza nada: ni estabilidad, ni igualdad, ni justicia.

La indignación creció luego de que el domingo el hospital —y el ministro Mario Lugones— difundieran en redes un supuesto aumento a partir del 1.º de julio. Sin embargo, hasta el cierre de esta nota, no existía acta ni documento oficial que respalde ese anuncio. “No recibimos ningún aumento. Seguimos esperando respuestas”, expresaron los residentes en su canal oficial.

La falta de diálogo real y transparente llevó a la continuidad del paro y a nuevas manifestaciones, como la movilización al Obelisco bajo el lema “Noche de Velas por el Garrahan”. Lejos de un capricho gremial, la medida es un grito desesperado por visibilizar una situación insostenible.

Por su parte, los jefes de servicio también denunciaron la falta de propuestas concretas y recordaron que ni ellos ni la planta permanente han sido convocados a una mesa formal de diálogo. Desde la Junta Interna de ATE advirtieron que el 90% del personal quedaría excluido del supuesto anuncio de aumento. Ante esto, convocaron a una asamblea general para este martes.

El caso Garrahan es paradigmático: un hospital que es referencia nacional e internacional, sostenido con salarios congelados, contratos precarios y promesas rotas. Las autoridades intentan calmar la crisis con parches coyunturales, pero el problema de fondo —la desvalorización crónica de la salud pública— permanece intacto.

El ministro Mario Lugones, ahora imputado por irregularidades en el manejo del hospital, parece más enfocado en el control político del conflicto que en encontrar una solución de fondo. ¿Cómo se explica que frente a una crisis de estas dimensiones, la respuesta estatal sean bonos por redes sociales, sin actas ni diálogo real?

Mientras tanto, el personal médico continúa resistiendo. Con velas encendidas, sí, pero también con una determinación que crece con cada promesa incumplida. Lo que piden no es un lujo: es el mínimo necesario para garantizar que los mejores profesionales sigan eligiendo la salud pública, y que pacientes vulnerables puedan seguir siendo atendidos con calidad y dignidad.

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