16 de mayo de 2026

Entre tensiones, La Libertad Avanza y el PRO bonaerense negocian una alianza que aún no logra sellarse

La Libertad Avanza (LLA) y el PRO bonaerense intensifican sus negociaciones de cara a las elecciones provinciales y legislativas, pero los avances están lejos de cristalizarse. Si bien ambas fuerzas coinciden en la necesidad de una alianza para enfrentar al kirchnerismo en territorio bonaerense, las diferencias simbólicas, estratégicas y de protagonismo partidario han trabado los acuerdos finales. La unidad, por ahora, está más en los discursos que en las boletas.

La reunión más reciente, celebrada en las oficinas de Diego Santilli en Palermo, evidenció las principales fricciones: el color, el nombre y los sellos de la boleta son hoy objeto de disputa tanto como los lugares en las listas.

Sebastián Pareja, armador libertario en la provincia y representante de Karina Milei, fue enfático: la marca de La Libertad Avanza no está sujeta a negociación. Insistió en mantener el color violeta y el sello libertario como elementos inalterables, abriendo apenas una concesión estética al permitir “detalles en amarillo”. Pero no más.

Del otro lado, Cristian Ritondo y Santilli —acompañados por el intendente Guillermo Montenegro— buscan evitar la disolución del PRO en la marca libertaria. El mandato político de Mauricio Macri es claro: construir unidad, sí, pero sin capitular. La preocupación es compartida por intendentes como Soledad Martínez (Vicente López) y Pablo Petrecca (Junín), quienes observan con desconfianza un eventual corrimiento hacia un armado completamente absorbido por el mileísmo. En distritos donde el PRO mantiene estructuras firmes y una base electoral consolidada, subordinarse al sello de LLA se percibe como una pérdida más que como una oportunidad.

Más allá de los símbolos, la disputa real se centra en el control político del armado. Mientras los libertarios presionan por garantizar un control mayoritario en las listas, desde el PRO exigen una representación equilibrada. El esquema que se debate prevé entre tres y cuatro lugares “entrables” para el PRO en las nóminas de diputados y senadores, y una negociación descentralizada para concejales y consejeros escolares, condicionada por el poder territorial de los intendentes. Sin embargo, no hay garantía de equidad ni claridad en los criterios.

En este juego de tensiones, aparece un actor informal pero determinante: “Las Fuerzas del Cielo”, la agrupación orbitada por Santiago Caputo, principal asesor del presidente Milei. Aunque no se sientan a la mesa, su sombra es alargada. Su tesis es simple y radical: para transformar el país, La Libertad Avanza debe controlar el 70% del Congreso. Bajo esa lógica, toda concesión a la “vieja política” del PRO es una amenaza al proyecto. Esta visión maximalista condiciona a los propios libertarios, que se ven empujados a endurecer sus exigencias.

La negociación, en definitiva, no se limita a lo electoral. Es un choque de culturas políticas: el institucionalismo moderado del PRO versus el purismo ideológico libertario; la marca amarilla con trayectoria versus una nueva identidad con alto impacto mediático; la gobernabilidad versus la ruptura. Lo que está en juego no es solo una lista conjunta, sino quién impone el relato y el poder dentro de una eventual coalición.

Mientras el kirchnerismo reorganiza filas y Cristina Kirchner reaparece como factor político, la oposición liberal y de derecha sigue discutiendo colores, nombres y cuotas. La unidad no parece imposible, pero el precio de alcanzarla podría ser, para algunos, una renuncia identitaria. Para otros, el costo de no hacerlo es dejarle a Axel Kicillof una victoria anunciada. En esa disyuntiva, el tiempo corre y las definiciones aún no llegan.

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