En junio se perdieron 12 mil empleos privados mientras el Estado y el monotributo ganaron terreno
Los datos de junio no solo confirman la profundización de la crisis económica, sino que también revelan un cambio estructural en el mercado laboral argentino. La destrucción de empleo de calidad y el crecimiento del trabajo precario no son dos fenómenos aislados, sino caras de una misma moneda que reflejan el desafío de generar un crecimiento económico inclusivo y sostenible.

En junio, el mercado laboral argentino evidenció una preocupante tendencia: mientras se destruyeron más de 12.000 empleos asalariados privados, un número casi idéntico de personas se sumaron a las filas del monotributo, un régimen que, aunque formal, está asociado a la inestabilidad y falta de beneficios laborales.
Este fenómeno no es casual, sino que es un reflejo de la crisis económica y el deterioro del empleo de calidad.
Según datos del Ministerio de Capital Humano, la pérdida de 12.150 empleos en el sector privado fue la caída mensual más significativa desde el primer trimestre de 2024. Sectores clave como la pesca, minería y transporte fueron los más afectados, con descensos de hasta el 4.9% en su dotación de personal. Esta destrucción de puestos de trabajo formales tiene un impacto directo en la capacidad de consumo de la población y en la recaudación fiscal, lo que profundiza el ciclo recesivo.
En contrapartida, el empleo independiente, impulsado principalmente por los monotributistas, creció en 12.500 personas. Este aumento, a menudo presentado como una señal de dinamismo, es en realidad un síntoma de la precarización laboral. Muchos de estos nuevos monotributistas son ex-empleados privados que, al perder su trabajo, se ven forzados a generar sus propios ingresos en un mercado laboral cada vez más hostil. A diferencia de un empleado en relación de dependencia, el monotributista no tiene derecho a vacaciones pagas, aguinaldo ni indemnización por despido, y su cobertura de seguridad social es limitada.
La situación se complejiza aún más al observar el rol del sector público. Aunque este creció en casi 7.000 puestos en junio, compensando en parte la caída del empleo privado, este aumento debe ser analizado con cautela. Si bien ayuda a mitigar el impacto del desempleo, su sostenibilidad es cuestionable en un contexto de austeridad fiscal y recortes presupuestarios.
