21 de abril de 2026

Elisa Carrió cruzó a los Milei calificándolos de una “pareja perversa” que “goza de la crueldad y está llena de codicia”

Al calificarlos como una “pareja perversa” que “goza de la crueldad y está llena de codicia”, Carrió no solo apunta a la figura presidencial, sino también al entramado de poder que rodea a la Secretaría General de la Presidencia, consolidando un discurso que busca instalar la idea de que La Libertad Avanza encarna un proyecto político de carácter autoritario y corrupto.

Las declaraciones de Elisa Carrió contra el presidente Javier Milei y su hermana Karina constituyen un nuevo capítulo en la serie de cuestionamientos que la exdiputada viene formulando hacia el oficialismo libertario.

Su crítica adquiere especial relevancia en un momento en que Milei se encuentra bajo la lupa por el uso sistemático del veto y los decretos, y cuando diversas denuncias involucran a funcionarios cercanos, entre ellos Karina Milei, Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem, en supuestos casos de corrupción vinculados a la Agencia Nacional de Discapacidad. Al anticipar que prepara una denuncia formal sobre estas irregularidades, Carrió intenta posicionarse nuevamente como referente moral en la escena política, apelando a la bandera de la transparencia que históricamente enarboló.

El señalamiento de que La Libertad Avanza “desplazó” a espacios como el PRO en la representación de valores republicanos marca otra dimensión de su crítica: el vacío que dejó la crisis de las fuerzas tradicionales, y que fue ocupado por un liderazgo que Carrió tilda de “aventurero” y “bancado por el establishment” con la venia de Mauricio Macri. Así, la exdiputada apunta tanto al oficialismo como a la dirigencia opositora que allanó el camino para su consolidación.

En sus declaraciones, Carrió incluso celebró la reciente victoria del peronismo en la provincia de Buenos Aires, aunque con un matiz: consideró que la derrota libertaria puede abrir un proceso de renovación interna en el justicialismo, mientras sentenció que “el kirchnerismo se terminó”. La lectura, más política que ideológica, refuerza su estrategia de presentarse como voz crítica de un sistema en reconfiguración.

Sus advertencias sobre la posibilidad de un “régimen perverso y autoritario” si Milei consolida legitimidad política no deben leerse solo como un exabrupto retórico. Carrió traza un escenario de riesgo institucional en el que los vetos y decretos podrían derivar en la eliminación práctica del control parlamentario y judicial, abriendo la puerta a un poder concentrado y discrecional.

La contundencia de sus palabras —“los Milei son ilegales”, “no tienen nada en blanco”— refleja una apuesta a desnudar al oficialismo en medio de la campaña electoral. Sin embargo, también expone las limitaciones de su propia figura, históricamente asociada a denuncias altisonantes que no siempre encuentran correlato judicial. Su intervención, entonces, oscila entre el papel de alerta temprana frente a la concentración del poder y la repetición de un estilo que puede restarle credibilidad en sectores más amplios de la sociedad.

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