8 de mayo de 2026

El turismo nacional se desploma: hoteles advierten 300 despidos mensuales y pérdida de competitividad

La combinación de caída del consumo interno, pérdida del poder adquisitivo y desventaja cambiaria frente a destinos extranjeros está erosionando uno de los motores históricos de la economía nacional.

La industria turística argentina atraviesa una crisis profunda que ya se refleja en el empleo: hasta 300 trabajadores del sector hotelero pierden su puesto cada mes, según la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT).

Las vacaciones de invierno dejaron al descubierto la magnitud del problema: la ocupación hotelera cayó entre 20% y 25% respecto al año pasado, según Aldo Elías, vicepresidente de AHT. Mientras que destinos de nieve como Bariloche y Ushuaia lograron sostenerse gracias al turismo brasileño, ciudades tradicionales como Mendoza capital o Buenos Aires enfrentaron cancelaciones masivas y niveles críticos de ocupación.

El fenómeno no es coyuntural, sino estructural: la brecha entre costos internos e ingresos de los hogares limita el turismo nacional, al tiempo que la apreciación cambiaria vuelve más atractivo viajar al exterior. Quienes no pueden costear vacaciones se quedan en casa, y quienes tienen margen optan por Miami, Río o Santiago, alimentando una fuga de gasto turístico que golpea la economía local.

El peso del Estado y el costo argentino

El sector apunta a la alta carga impositiva, que representa cerca del 60% del costo de los productos turísticos, como uno de los principales factores que agravan la pérdida de competitividad. “Con este nivel de cambio, Argentina ha perdido competitividad. Necesitamos bajar impuestos para poder atraer nuevamente a turistas nacionales y extranjeros”, advirtió Elías.

Pero la discusión trasciende la cuestión tributaria: el desbalance macroeconómico, la inflación persistente y la caída real de los salarios han reducido la capacidad de consumo del mercado interno, históricamente la base del turismo argentino. Sin ingresos suficientes y con costos dolarizados, la demanda se retrae y las empresas ajustan plantillas, generando una espiral que pone en riesgo la sustentabilidad del sector.

Las proyecciones para el verano 2025 son poco alentadoras. Los hoteleros prevén baja ocupación en destinos de playa y ciudades, lo que prolongaría la dinámica recesiva. La advertencia de la AHT es clara: si no hay medidas urgentes para recuperar competitividad y estimular el consumo interno, el turismo argentino se encamina a una crisis prolongada.

Un síntoma de la economía real

El derrumbe turístico no es un hecho aislado: es la consecuencia visible de un modelo que no logra equilibrar su macroeconomía ni ofrecer reglas claras para la inversión productiva. La sustitución del turismo interno por viajes al exterior es un espejo del problema central: la Argentina resulta cara para sus propios ciudadanos, pero barata para extranjeros solo cuando el tipo de cambio lo permite.

Mientras tanto, el dato más inquietante se multiplica: diez despidos por día en hoteles de todo el país. Una señal de alerta para un sector que genera empleo directo e indirecto y que hoy se enfrenta a su mayor desafío en más de una década.

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