5 de junio de 2026

El testimonio del fotógrafo que capturó la emblemática imagen de Francisco en el subte

Este testimonio no solo ofrece una mirada privilegiada al momento capturado en esa fotografía, sino que también revela cómo una imagen casual puede adquirir un significado profundo y universal con el tiempo, convirtiéndose en símbolo de una figura que trasciende su papel institucional para mostrarse como un hombre de carne y hueso, cercano a las personas comunes. La historia de esa foto y el relato de Leguizamón enriquecen el legado visual y humano del papa Francisco, quien en sus gestos cotidianos dejó huellas imborrables en la memoria colectiva.

En medio de la reciente conmoción mundial por la pérdida del papa Francisco, las redes sociales se vieron inundadas por una imagen que refleja la esencia y el espíritu del pontífice.

La fotografía, tomada en el subte A de Buenos Aires durante una celebración del Corpus Christi en 2008, muestra a Jorge Bergoglio rodeado de personas, con un semblante de serenidad y sorpresa, sentado en un vagón oscuro y en un momento de quietud que, en su sencillez, capturó la atención de miles.

El autor de esta imagen, Pablo Leguizamón, un fotoperiodista que en ese entonces estudiaba en Buenos Aires y actualmente reside en Viedma, Río Negro, compartió en una entrevista con Juan Amorín y el equipo de Mañanas Argentinas por C5N los detalles detrás de aquella instantánea que pronto se convertiría en símbolo. Según relató, la toma ocurrió tras la celebración del Corpus Christi en 2008, en un contexto donde el entonces arzobispo de Buenos Aires se desplazaba desde el escenario en Once hacia la boca del subte línea A. La escena fue capturada en un momento en que la luz del vagón parpadeaba, dificultando la labor del fotógrafo, que tuvo que sortear obstáculos como una mochila trabada y una iluminación precaria.

Leguizamón explicó que, en ese instante, logró captar una imagen que, por casualidad, mostraba a Bergoglio mirando hacia arriba, sorprendido por la cercanía de las cámaras. En ese momento, el fotógrafo no percibió el valor simbólico de la foto, sino que simplemente buscaba documentar un momento cotidiano. La imagen quedó relegada a su archivo y, a pesar de su impacto, no logró venderla inicialmente.

No fue hasta 2013, cuando Bergoglio fue elegido papa Francisco, que la fotografía adquirió un nuevo significado y trascendió las páginas de la prensa local. Un amigo le sugirió que intentara comercializarla, y tras venderla a una agencia de periodismo, la imagen empezó a circular en distintos medios, incluso llegando a premios como el Martín Fierro. En palabras de Leguizamón, aquella foto le permitió, en un momento difícil, mantener su profesión y potenciar su carrera en el fotoperiodismo, demostrando que las imágenes pueden tener una fuerza que trasciende el tiempo y las circunstancias.

El fotógrafo reflexionó sobre el contenido de la imagen, valorando la presencia de Bergoglio rodeado de trabajadores y personas comunes, y resaltando cómo la percepción de ese momento cambió con el tiempo: “Hoy veo a un tipo que está sentado en el subte con un montón de laburantes. En ese momento no lo vi. Me pasa que vivo en Viedma, me siento viedmense por elección, y desde acá la veo diferente, como alguien que realmente profesaba lo que decía”.

Asimismo, Leguizamón destacó la importancia de seguir en el fotoperiodismo, a pesar de las dificultades económicas y profesionales, y resaltó la valiosa lección que le dejó aquella experiencia: “Valió la pena seguir con el fotoperiodismo, hoy puedo decir que valió la pena”.

Por su parte, Wals, quien aparece en la imagen detrás de Bergoglio, complementó la historia destacando que el pontífice no era aficionado a las fotos ni a ser perseguido por los fotógrafos, pero que aquella imagen mostraba un Bergoglio más cómodo, cercano y auténtico, en un momento que, en retrospectiva, refleja la sencillez y humanidad del ahora Papa.

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