Índice Milanesa: el poder de compra en restaurantes cayó a su nivel más bajo en seis años
La combinación de salarios rezagados, menor empleo formal y cierre de empresas plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la recuperación económica y la posibilidad de recomponer el bienestar de los trabajadores en el corto plazo.

El deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores porteños continúa profundizándose. Según el Índice de la Milanesa, elaborado por iCiudad, durante el primer bimestre de 2026 un salario promedio alcanzó para comprar 104 milanesas con guarnición en restaurantes tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires, lo que representa una caída de 53 platos respecto al mismo período de 2023.
El indicador utiliza un consumo cotidiano y ampliamente representativo de la clase media urbana para medir la capacidad real de compra de los ingresos. Desde esta perspectiva, los resultados reflejan con claridad una pérdida sostenida del acceso al consumo gastronómico, un gasto que históricamente formó parte de la vida social y recreativa de amplios sectores de la población.
Los datos muestran una contracción del 33% en relación con 2023 y una baja del 22,4% respecto de 2025, año que había registrado una leve recuperación tras el fuerte retroceso económico de 2024. La caída no solo elimina la mejora observada el año pasado, sino que además ubica al indicador en su nivel más bajo desde que existen registros comparables.
El análisis de largo plazo resulta aún más significativo. En el primer bimestre de 2020, en plena pandemia, el salario promedio permitía adquirir alrededor de 190 platos, casi el doble que en la actualidad. Esta comparación pone en evidencia que la recuperación económica posterior a la crisis sanitaria no logró traducirse en una mejora sostenida del ingreso real de los trabajadores.
Desde iCiudad sostienen que el fenómeno no puede analizarse únicamente a través de los índices de inflación. La pérdida de capacidad de compra se manifiesta en actividades concretas de la vida cotidiana, como salir a comer fuera del hogar, un hábito que para muchos sectores se volvió cada vez más difícil de sostener.
A este escenario se suma otro dato preocupante: en los últimos tres años se habrían perdido más de 93.000 puestos de trabajo registrados y cerrado más de 2.600 empresas. Esto sugiere que el problema excede la caída salarial y se relaciona también con una reducción de las oportunidades laborales y del entramado productivo.
En conjunto, los indicadores reflejan una economía donde los ingresos no logran acompañar el aumento de los costos de vida y donde el consumo de bienes y servicios considerados habituales para la clase media se vuelve progresivamente más restringido.
