El streamer “Tronco”, socio de Fantino, da el salto a la política como candidato de Milei en Buenos Aires
La apuesta libertaria, lejos de ser anecdótica, revela la intención de Javier Milei de capitalizar nuevas audiencias y extender su influencia a sectores que se informan y forman opinión fuera de los canales tradicionales.

La irrupción de Sergio “Tronco” Figliuolo, socio de Alejandro Fantino en el canal Neura, como candidato a diputado nacional de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, confirma una tendencia que se viene consolidando en la política argentina: la incorporación de figuras del mundo mediático y digital al juego electoral.
La lista encabezada por José Luis Espert sorprendió con la inclusión del streamer, que hasta hace poco era visto más como un personaje excéntrico del ecosistema digital que como un eventual legislador. En junio, Fantino había lanzado la idea en tono de broma —“pónganle a Tronco a competir”—, pero la ironía terminó transformándose en realidad. Si La Libertad Avanza logra una buena performance en el distrito bonaerense, Figliuolo podría ocupar una banca en el Congreso.
El fenómeno no es aislado. Milei ya demostró que entiende el valor de la comunicación directa con nichos de audiencia no tradicionales: desde Twitch hasta TikTok, su discurso encuentra eco en jóvenes que consumen política en formatos alternativos. La candidatura de “Tronco” funciona como un guiño a ese universo, pero también como una apuesta arriesgada. La pregunta es si la notoriedad digital puede traducirse en legitimidad política y capacidad legislativa en un Congreso que exige conocimiento técnico y negociación constante.
El resto de la lista bonaerense muestra un mosaico de perfiles que combina dirigentes experimentados, como Espert y Diego Santilli, con figuras de menor recorrido público. La inclusión de Figliuolo refuerza la estrategia de Milei de ampliar su base electoral con nombres disruptivos, aunque al mismo tiempo expone a La Libertad Avanza a cuestionamientos sobre la seriedad de su oferta política.
En un clima donde la antipolítica gana terreno, la postulación de un streamer con alta visibilidad en redes puede ser vista como una jugada astuta para interpelar a un electorado desencantado. Sin embargo, también desnuda la fragilidad de un espacio que, a la hora de armar sus listas, parece priorizar la viralidad por sobre la experiencia en la gestión pública. Octubre será el termómetro para medir si esa estrategia conecta con la sociedad o si queda reducida a un gesto simbólico con más ruido que votos.
