5 de julio de 2026

“El país de la maravillas de Francos»: Pintó un escenario ideal y esquivó el escándalo de la estafa $LIBRA

El discurso de Francos fue más una operación de marketing que una rendición de cuentas. En su “país de la maravilla”, todo mejora sin sacrificios ni conflictos, mientras la Argentina real sigue lidiando con una crisis profunda, desigualdad creciente y un Gobierno que, por momentos, parece gobernar de espaldas a la sociedad. El martes, en su interpelación, quizás tenga que dejar la retórica para enfrentar la realidad.

El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, expuso este miércoles en la Cámara de Diputados su tercer informe de gestión, convertido en una suerte de monólogo triunfalista que contrastó notoriamente con la realidad cotidiana que enfrentan millones de argentinos.

Sin embargo, el funcionario evitó uno de los temas más delicados del momento: el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, vinculado directamente con el presidente Javier Milei. Francos prometió hablar de ello en una interpelación la próxima semana, mientras tanto, el silencio fue tan elocuente como incómodo.

La sesión se desarrolló con un quórum ajustado, en un Congreso a medio llenar y con una evidente tensión subyacente entre bloques. El informe llegó con retraso —como bien reclamó el diputado Miguel Ángel Pichetto—, lo que limitó las posibilidades de repregunta y convirtió al intercambio parlamentario en una formalidad casi ritual, más que en una instancia de control efectiva.

Un país de cifras perfectas… que nadie ve

Francos desplegó un relato económico en el que Argentina aparece casi como un caso de éxito internacional: inflación bajo control, superávit fiscal, crecimiento del empleo, alza en los salarios, y una pobreza en retroceso. La pintura fue tan optimista como cuestionable. La afirmación de que los salarios superaron a la inflación, por ejemplo, contradice múltiples estudios de consultoras privadas y el malestar palpable en la calle, donde el poder adquisitivo sigue desplomado y el consumo en niveles alarmantes.

Además, minimizó las fluctuaciones del dólar, asegurando que no habrá medidas mientras se mantenga entre $1.000 y $1.400, lo que de hecho significa convalidar una banda de devaluación silenciosa. Mientras tanto, se jactó del nuevo acuerdo con el FMI y el pago de la deuda con el Banco Central, como si eso fuera sinónimo directo de alivio para los sectores más postergados. La macro en orden, sí; pero la micro en ruinas.

El silencio sobre LIBRA y las sombras del marketing presidencial

Uno de los puntos más polémicos fue su negativa a hablar del escándalo por la criptomoneda $LIBRA, una estafa que tocó al corazón del oficialismo. Francos postergó cualquier explicación para la interpelación que tendrá lugar el martes siguiente. Lo cierto es que la imagen del presidente promocionando una cripto fraudulenta dejó una mancha que ni el discurso más disciplinado puede disimular. El Congreso, mientras tanto, parece jugar a patear la pelota para adelante.

Seguridad y punitivismo: el regreso de la vieja receta

En materia de seguridad, Francos pidió avanzar con la Ley Antibarras y con la baja de la edad de imputabilidad a 13 años, en una clara señal de endurecimiento punitivo que busca capitalizar el discurso del orden.

Sin embargo, no hubo referencias a políticas sociales integrales que ataquen las causas estructurales de la violencia o el narcotráfico. Todo se resumió a estadísticas de operativos y un enfoque militarizado, con Rosario como vitrina.

Desregulación y ajuste como bandera

El ministro celebró la eliminación de más de 550 normativas y el recorte del gasto público como signos de eficiencia. Pero no hizo mención al impacto social de estas medidas: despidos en el Estado, caída del consumo, pérdida de cobertura en salud y educación. Como si se tratara de un experimento de laboratorio, el Gobierno parece ignorar que detrás de cada número hay una vida afectada.

Una democracia en piloto automático

El cierre del informe dejó un sabor amargo. Francos cuestionó el artículo 101 de la Constitución que lo obliga a concurrir al Congreso mensualmente, sugiriendo que el mecanismo no es razonable. En otras palabras, el jefe de Gabinete planteó que rendir cuentas ante el Poder Legislativo es un trámite incómodo. La lógica es preocupante: cuanto más poder concentra el Ejecutivo, menos tolera la transparencia.


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