14 de mayo de 2026

El debate por las empanadas: Darín, el Gobierno y el empresario que devolvió la sensatez

Lo que comenzó como una crítica genuina de Ricardo Darín a los elevados precios que enfrentan los argentinos para cubrir necesidades básicas terminó convirtiéndose en un nuevo capítulo de la polarización política y mediática en el país.

Sin embargo, en medio de la polémica, la aparición de una voz inesperada —el dueño del comercio al que hacía alusión el actor— aportó un gesto de sensatez que parece haber desinflado el intento de escarnio oficialista.

Durante su paso por la mesa de Mirtha Legrand, Darín expresó su preocupación por el impacto real de las medidas económicas del gobierno nacional: “Una docena de empanadas cuesta $48.000”, dijo, como símbolo de la pérdida del poder adquisitivo. Su comentario, lejos de centrarse en una crítica superficial, apuntaba a una desconexión entre las políticas dirigidas al incentivo de los “dólares del colchón” y las urgencias cotidianas de una población que lucha por llegar a fin de mes.

El testimonio del comerciante: respeto y contexto

En declaraciones radiales, Lemos no solo desmintió la idea de que comprar empanadas sea un “lujo innecesario”, como había sugerido el ministro Luis Caputo, sino que también elogió el comportamiento de Darín como cliente habitual.

Lejos de alimentar la grieta, el comerciante ofreció una visión realista del consumo, reconoció las dificultades del rubro y subrayó que, aunque las ventas estuvieron bajas el año pasado, este 2025 ha mostrado signos de recuperación. “Mi hermana y yo estamos detrás de la empresa, viendo que si hay alguna crisis, sacarlo adelante”, explicó.

¿Quién perdió el foco del debate?

El gesto de Lemos contrasta fuertemente con el tono agresivo e irónico que adoptaron algunos referentes mediáticos del oficialismo. En lugar de centrarse en el eje del planteo —la inflación, el costo de vida y la desconexión de ciertas políticas con la realidad social—, muchos eligieron personalizar el debate, apuntando a la figura de Darín y descalificándolo por su opinión.

El resultado fue el desvío del debate público hacia una polémica secundaria: si Darín podía o no comprar empanadas, si exageró el precio, si su crítica era legítima. Mientras tanto, el tema central —la desigualdad creciente y la falta de respuestas efectivas para la mayoría— quedó desdibujado.

En tiempos en que la polarización parece marcar cada aspecto de la vida pública, el testimonio del empresario representa un raro momento de madurez cívica. Reconocer que alguien puede expresar una crítica sin segundas intenciones, valorar el vínculo humano más allá de las ideologías y defender la verdad por encima del oportunismo político son gestos necesarios en un país que necesita reencontrarse con el respeto y la sensatez.

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