18 de julio de 2026

El ataque a Mengolini que cruzó fronteras: el New York Times cuestionó la “guerra contra la prensa” de Milei

El estilo de confrontación extrema y el discurso cargado de insultos que caracterizan a Javier Milei llegaron esta semana a la primera plana de uno de los diarios más influyentes del mundo.

Ph: m1

El New York Times dedicó un artículo crítico al violento hostigamiento digital contra la periodista Julia Mengolini, convertido en un caso paradigmático de lo que el medio estadounidense describe como una “guerra contra la prensa” emprendida por el presidente argentino y su entorno más cercano.

La nota del NYT repasa el episodio que estalló en redes sociales, donde Milei publicó al menos 65 mensajes dirigidos a Mengolini en apenas un fin de semana, al tiempo que sus seguidores amplificaban un video falso generado con inteligencia artificial que pretendía mostrar a la periodista en una situación sexual con su propio hermano.

Aunque el presidente no llegó a compartir directamente la pieza adulterada, el medio remarcó que la avaló implícitamente al considerar la campaña de difamación como una represalia justificada por sus críticas.

Lejos de ser un hecho aislado, el NYT describe este episodio como parte de una escalada. “La retórica de Milei, a menudo plagada de insultos misóginos, insinuaciones sexuales y desinformación, está socavando la libertad de prensa y aumentando el riesgo de violencia en el mundo real”, advierte el artículo, en una comparación inquietante con el estilo de Donald Trump, a quien Milei explícitamente admira y copia en su desprecio sistemático hacia la prensa.

El presidente argentino incluso llegó a acuñar el eslogan “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, repitiendo así la estrategia trumpista de deslegitimar cualquier voz crítica mediante ataques personales, burlas y campañas de difamación, que pueden derivar —según alertan analistas internacionales— en violencia concreta contra trabajadores de prensa.

Lo más alarmante del caso Mengolini no es sólo la cantidad de mensajes insultantes, sino el uso de inteligencia artificial para construir una operación de descrédito con connotaciones sexuales, lo que constituye un salto cualitativo en las agresiones digitales. La combinación de discurso misógino, manipulación tecnológica y respaldo presidencial representa, para muchos, una señal de alarma sobre el deterioro de las condiciones para el ejercicio libre del periodismo en la Argentina.

Mientras la Casa Rosada guarda silencio sobre el señalamiento del NYT, el debate vuelve a instalarse: ¿es compatible la libertad de expresión con el ataque sistemático a periodistas desde las más altas esferas del poder? ¿Puede un presidente legitimar la agresión, incluso sexualizada, contra sus críticos, sin poner en riesgo la integridad de la prensa y, por extensión, de la democracia misma?

La proyección internacional de este episodio marca un límite que Milei no podrá ignorar fácilmente: su retórica violenta ya no sólo preocupa puertas adentro, sino que ahora enciende alarmas en medios de referencia global, que advierten el potencial explosivo de un discurso que transforma la libertad de prensa en blanco de odio.

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