El ajuste de Milei arrasa con el trabajo privado: 146.000 empleos formales perdidos
En menos de cinco meses, el Gobierno de Milei destruyó más de 146.000 empleos formales en el sector privado. La cifra no es sólo un número: son familias enteras sin ingresos, regiones enteras sin producción, y un mercado interno que se contrae día a día. La supuesta “libertad” que promueve el Gobierno se traduce, hasta ahora, en recortes, cierres y despidos. Un modelo que ajusta sin red, y que avanza sin mostrar señales de reversión.

Lejos de la “revolución productiva”, el modelo libertario muestra su rostro más crudo: despidos masivos, cierre de pymes y caída del consumo. La promesa de crecimiento choca con la realidad de un país en recesión.
El relato oficial habla de “orden macroeconómico” y “libertad de mercado”, pero los datos duros revelan otra cosa. Desde que Javier Milei asumió la presidencia, más de 146.000 trabajadores del sector privado formal perdieron su empleo, según cifras de la Secretaría de Trabajo. La cifra no solo expone los efectos sociales del ajuste, sino que desmonta el discurso de reactivación que el Gobierno intenta instalar.
Los sectores más afectados son los que históricamente han sostenido la estructura del empleo formal en Argentina: construcción, industria, servicios y pymes, pilares del mercado interno. En todos los casos, la caída de la actividad está directamente ligada a las políticas de recorte, liberalización abrupta de precios y congelamiento de la obra pública.
La construcción, símbolo del derrumbe
Entre diciembre de 2023 y marzo de 2025, el sector de la construcción sufrió una pérdida del 7,5% de sus empleos registrados. Esto equivale a unos 30.000 puestos eliminados, producto directo del freno a la obra pública. Sin inversión estatal, la rueda de la economía no gira, y el sector, que suele ser el primero en reactivarse en contextos expansivos, hoy es el primero en colapsar.
Pymes: el corazón del empleo, en terapia intensiva
Las pymes, responsables del 77% del empleo privado argentino, están en una situación crítica. Solo en el primer semestre de 2024, cerraron 10.000 en todo el país. Tarifazos, caída del consumo y falta de crédito las empujaron a la asfixia. Su desaparición deja no solo desempleados, sino también vacíos productivos en ciudades y pueblos donde muchas eran el motor económico.
Una economía que se achica
La caída del empleo no se limita a la construcción y las pymes. Datos oficiales muestran retrocesos en rubros estratégicos:
►Hoteles y restaurantes: -2,8%
►Servicios comunitarios y sociales: -2,6%
►Transporte y comunicaciones: -2,3%
►Industrias manufactureras: -1,9%
Se trata de sectores dependientes del consumo interno, el primero en resentirse cuando el poder adquisitivo cae y la recesión se impone. Lo que crece, en cambio, es el empleo informal, precario y sin derechos, algo que el propio Gobierno ha reconocido sin ofrecer solución.
El ajuste como doctrina
El modelo económico impulsado por Milei responde a una lógica clara: ajuste fiscal, reducción del Estado y apertura de mercados, sin considerar los efectos sociales inmediatos. El argumento oficial se sostiene en la idea de que primero hay que «ordenar las cuentas» para luego crecer, pero la evidencia muestra que el daño al tejido productivo y laboral podría ser irreversible si no se corrige el rumbo.
Desde la CGT y los sectores del sindicalismo más combativo advierten que la situación ya no resiste más gradualismo. “Milei llegó prometiendo libertad. Lo que trajo, hasta ahora, es desempleo”, señalan en un comunicado reciente. Y desde el interior del país, donde las pymes se desploman y la construcción se paraliza, el eco es similar: no hay reactivación posible si no se protege el trabajo.
