Diputados: sesión frustrada entre gritos y maniobras, pero la oposición logró abrir paso al debate universitario y al Garrahan
La sesión de la Cámara de Diputados de este martes terminó convertida en un muestrario de la parálisis política que domina el Congreso.

En medio de gritos, acusaciones cruzadas y retiros estratégicos de bancas, la oposición apenas consiguió abrir camino para que dos temas sensibles avancen en comisión: el financiamiento de las universidades y la emergencia sanitaria del Hospital Garrahan.
Más allá de esos avances parciales, el resto de la agenda legislativa volvió a naufragar entre chicanas y disputas de poder, exhibiendo un oficialismo cada vez más aislado, pero todavía capaz de trabar debates cuando su posición se ve amenazada.
Universidades y Garrahan: un mínimo acuerdo en medio del caos
Los emplazamientos aprobados para el sistema universitario (161 votos afirmativos contra 68) y para el Garrahan (164 contra 66) expusieron que, aun con un gobierno renuente a abrir la billetera, la presión social y política sobre estos temas resulta imposible de esquivar. En el caso del Garrahan, la advertencia del diputado Pablo Yedlin, acerca de los 3.500 niños derivados anualmente por patologías graves, activó las alarmas de bloques que suelen acompañar al oficialismo pero no quieren cargar con el costo político de un posible colapso pediátrico.
Sin embargo, estas victorias opositoras son parciales y frágiles. El oficialismo logró dilatar otros proyectos clave, mostrando que, aunque minoritario, conserva resortes suficientes para condicionar el ritmo parlamentario.
Una sesión marcada por intereses fragmentados
Lo sucedido también reflejó la profunda fragmentación de la Cámara. La fallida discusión sobre las retenciones al agro —incluida para tentar a los cordobeses de Llaryora a aportar quórum— terminó desactivada por falta de respaldo peronista, revelando la improvisación de alianzas circunstanciales sin coordinación mínima.
El debate sobre salud mental, Alzheimer, Pymes y la reforma de los DNU se vio igualmente empantanado, dejando en claro que la oposición carece de una estrategia conjunta para articular su agenda más allá de los temas de altísimo impacto social. Cuando los proyectos dejan de ser transversales y tocan intereses corporativos o regionales, cada bloque vuelve a priorizar su propia supervivencia política.
La explosión final llegó cuando el diputado Maximiliano Ferraro intentó reactivar la investigación del caso $LIBRA, un tema que no figuraba en el temario. La maniobra desató un caos reglamentario que sirvió de excusa para que varios legisladores se levantaran de sus bancas, enterrando la sesión. Fue el punto de quiebre perfecto para interrumpir discusiones incómodas y protegerse de votaciones que podrían fracturar aún más los alineamientos.
Fracturas en el oficialismo y un liderazgo debilitado
La votación sobre universidades y Garrahan también exhibió grietas internas dentro del oficialismo y de su principal aliado, el PRO. Diputados como Álvaro González, Baldassi, Brambilla, Zago y Falcone, junto con Pagano y Arrieta, rompieron la disciplina de La Libertad Avanza, mostrando que el discurso antiuniversidades o de ajuste sanitario ya no convence a toda la tropa libertaria.
La Liga del Interior, que había respaldado a Milei en su veto a los presupuestos universitarios este año, también votó dividida. El hartazgo con la estrategia del “no a todo” empieza a crecer incluso entre quienes sostuvieron a la coalición oficialista hasta hace poco.
Un Congreso empantanado y una agenda que no avanza
Lo sucedido es síntoma de un Congreso sin consensos estables, rehén de intereses cruzados y de un oficialismo que, aunque minoritario, sigue utilizando las grietas opositoras para esquivar definiciones de fondo. El resultado es un Parlamento que apenas logra gestos —como enviar a comisión los temas que ya arden en la opinión pública—, pero que no puede plasmar soluciones reales para una sociedad que demanda respuestas urgentes.
La sesión de ayer mostró que, lejos de ser un espacio de construcción democrática, la Cámara de Diputados parece hoy un escenario donde cada quien juega su partida individual, sin mirar la urgencia social que late afuera. En definitiva, los aplausos por el avance de las universidades y el Garrahan no alcanzan para ocultar que la parálisis legislativa sigue siendo la norma.
