Deuda pública argentina alcanzó a US$ 461.019 millones: mayo con más pesos y menos dólares, el stock total en niveles críticos
El Ministerio de Economía informó que la deuda pública bruta de la Argentina alcanzó en mayo de 2025 los US$ 461.019 millones, tras registrar una caída de US$ 11.901 millones en comparación con el mes anterior.

Si bien el dato fue presentado como un avance en la gestión macroeconómica del Gobierno, un análisis más profundo revela que esta baja puntual se produjo por una maniobra contable excepcional: la cancelación de Letras Intransferibles del Tesoro con el nuevo desembolso del FMI, lo que maquilla una situación estructuralmente frágil y potencialmente riesgosa.
La caída de la deuda fue posible gracias a la cancelación parcial del pasivo que el Tesoro mantenía con el Banco Central. Esa operación se concretó utilizando parte del préstamo de USD 15.000 millones recibido del FMI en abril, pero registrado en mayo. De esta manera, no se trata de una reducción genuina del endeudamiento público, sino de una reasignación de acreedores: se reemplazó deuda intraestado por deuda con un organismo multilateral, que implica condicionalidades y vencimientos más exigentes.
Además, al observar el comportamiento de la deuda a lo largo del último año, el “stock” en situación de pago normal aumentó en US$ 25.273 millones, explicado casi en su totalidad por el crecimiento de la deuda en moneda local (US$ 25.105 millones). Esto marca un viraje del Gobierno hacia un esquema de financiamiento más dependiente del mercado doméstico, a tasas elevadas y plazos cortos, lo que puede generar nuevos problemas de sostenibilidad en el futuro inmediato.
Más deuda en pesos, menos en dólares: ¿virtuosismo o trampa?
Uno de los datos destacados por el Palacio de Hacienda fue que, de la deuda total en situación de pago normal, el 44% se paga en moneda local y el 56% en moneda extranjera. A primera vista, esta composición podría leerse como una estrategia de “pesificación” de los compromisos, menos expuesta al riesgo cambiario. Sin embargo, parte de esa deuda en pesos —como el BONTE 2030— está indexada o ajustada de forma tal que sus pagos dependen indirectamente del tipo de cambio o la inflación, lo que debilita la aparente ventaja.
En este sentido, la deuda en pesos no representa necesariamente una carga más liviana, ya que está sujeta a altas tasas reales, creciente concentración en manos de inversores locales (muchos de ellos públicos) y fuertes vencimientos de corto plazo que obligan a un permanente “roll over” (renovación de deuda), generando una vulnerabilidad sistémica.
Composición y concentración: un problema estructural
El informe revela también que el 77,8% de la deuda está compuesta por Títulos y Letras del Tesoro Nacional, tanto en pesos como en moneda extranjera. A esto se suman los compromisos con organismos oficiales (como el FMI, BID, Banco Mundial), que representan el 20,6% del total. Esto significa que prácticamente toda la deuda está concentrada en dos tipos de acreedores: los inversores financieros (locales e internacionales) y los organismos multilaterales. Ambos exigen condiciones severas para seguir prestando, y no necesariamente otorgan margen de maniobra ante crisis externas o internas.
Por otro lado, los Adelantos Transitorios del BCRA aún representan US$ 3.423 millones, una herencia del uso del financiamiento monetario que, aunque reducido, sigue presente.
¿Se está desendeudando la Argentina?
El saldo acumulado de deuda en lo que va de 2025 muestra una baja de US$ 5.902 millones, lo que podría parecer un avance. Pero en ese mismo período el país tomó más deuda con el FMI, aumentó su exposición en el mercado local y reconfiguró pasivos sin modificar sustancialmente el problema de fondo: una economía que depende del endeudamiento para sostener su funcionamiento fiscal y externo.
Además, esta reducción parcial no se refleja todavía en mejoras concretas en el riesgo país, en la calificación crediticia ni en la percepción de los inversores. Más aún, la mayoría de los vencimientos se siguen concentrando en el corto plazo, lo que hace que cualquier intento de “desendeudamiento” sea, hasta ahora, más discursivo que real.
Conclusión: una foto menos preocupante dentro de una película inquietante
Si bien el número global de mayo muestra una caída en la deuda bruta, la realidad subyacente indica que el Gobierno de Javier Milei enfrenta un esquema de endeudamiento cada vez más dependiente del crédito doméstico, de organismos multilaterales y de estrategias contables puntuales. El riesgo es que, en ausencia de una consolidación fiscal efectiva y un plan de crecimiento económico sustentable, estos movimientos sirvan apenas para ganar tiempo, pero no resuelvan los desequilibrios de fondo.
La sostenibilidad de la deuda no se mide solo por el nivel nominal, sino por la capacidad real de pago del Estado argentino. Y en ese frente, los desafíos continúan siendo serios.
