Despidos en la fabrica de calzado Viamo: al menos 7.000 puestos de trabajos ya perdió el sector
La maniobra, que busca una drástica reducción de la producción nacional para enfocarse en la importación, es un reflejo de la profunda crisis que atraviesa un sector que, según la Cámara de la Industria del Calzado, enfrenta la peor crisis de los últimos 40 años.

La reconocida firma de calzado Viamo despidió a más de 30 empleados en su planta de Capital Federal sin pagar indemnizaciones, intentando apelar a un “Procedimiento Preventivo de Crisis” que fue rechazado por el sindicato.
El caso de Viamo no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una problemática que ya ha dejado entre 7.000 y 8.000 despidos en la industria. La avalancha de importaciones, que se estima que superará los 42 millones de pares este año, está estrangulando a la producción nacional, que opera a una capacidad mínima en comparación con la que tenía hace apenas una década.
Un plan de ajuste con nombre y apellido: de la producción al abandono
El relato de Viamo es el de una crisis que se construye a través de la reducción de personal y la tercerización de la producción, en lugar de la búsqueda de soluciones. La firma, que en un momento de su historia llegó a emplear a 80 operarios, despidió a la mitad de su personal de fábrica.
La empresa se justificó en la «grave falta de trabajo», pero su plan no es el de buscar la reactivación, sino el de abandonar casi por completo la producción local, concentrando sus operaciones en un depósito y tareas administrativas.
Esta estrategia, que tiene como eje la importación, no es un reflejo de la incapacidad de la industria local para competir, sino del contexto que la ahoga. Mientras tanto, los trabajadores de Viamo, a los que se les adeuda el pago de sus indemnizaciones y otros beneficios, no solo sufren la pérdida de sus trabajos, sino que también son un recordatorio de cómo la falta de regulación y la liberalización del mercado pueden tener consecuencias devastadoras.
La situación de la empresa y del sector en su conjunto es una advertencia sobre el futuro de una industria que, sin medidas de protección, se enfrenta a un escenario de desmantelamiento progresivo.
