Delcy Rodríguez asume el poder en Venezuela tras la captura de Maduro
La llegada de Delcy Rodríguez al poder, aunque presentada como temporal, reconfigura el tablero político venezolano. Su liderazgo se perfila como una etapa clave para definir si el país se encamina hacia una mayor confrontación internacional o si logra abrir un canal de negociación en medio de una de las coyunturas más críticas de su historia reciente.

La asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela marca un punto de inflexión en la ya prolongada crisis política del país. La decisión, anunciada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a través de la televisión estatal, se sustenta en la figura de la “falta temporal” del presidente Nicolás Maduro, capturado junto a la primera dama, Cilia Flores, en el marco de una operación atribuida a Estados Unidos. El fallo apela al artículo 239 de la Constitución para justificar una transición inmediata que evite la acefalía del Ejecutivo.
Desde el plano institucional, la resolución del TSJ busca proyectar una imagen de continuidad del Estado en un escenario de extrema tensión interna y externa. Al ordenar que la vicepresidenta asuma “todas las atribuciones, deberes y facultades” de la Presidencia, el máximo tribunal intenta cerrar cualquier vacío de poder y garantizar la cadena de mando en un contexto definido oficialmente como de “urgencia manifiesta y amenaza cierta”.
Sin embargo, el trasfondo político va más allá del marco constitucional invocado. La rápida proclamación de Rodríguez responde también a la necesidad del chavismo de mantener cohesión frente a una agresión extranjera que el gobierno califica como violatoria del derecho internacional. Las referencias explícitas del TSJ a la defensa de la soberanía y a la amenaza de nuevos ataques refuerzan la idea de que la transición no es solo administrativa, sino estratégica.
El primer mensaje público de Rodríguez como jefa de Estado profundizó esa línea discursiva. Con un tono confrontativo, apuntó directamente contra el expresidente estadounidense Donald Trump, a quien acusó de pretender someter nuevamente a Venezuela a una lógica colonial. Al mismo tiempo, recordó que, días antes, el propio Maduro había reiterado su disposición al diálogo bilateral, lo que, según el gobierno venezolano, contrasta con la respuesta militar recibida.
En este escenario, la nueva presidenta encargada enfrenta múltiples desafíos: sostener la legitimidad interna, evitar fracturas dentro del aparato estatal y gestionar una crisis internacional que podría escalar rápidamente. La invocación a la Carta de las Naciones Unidas y al principio de no agresión muestra que Caracas intentará trasladar el conflicto al terreno diplomático, aunque sin renunciar a un discurso de resistencia.
